XXXII.

Ya los nuncios, al fin de su jornada,

Ven las casas y torres presumidas,

Y ascienden á los muros. A la entrada

Y en torno á la ciudad, corre en partidas

Alegre juventud: regir le agrada

Potros y carros con mañosas bridas;

Y con rígidos arcos y ligeras

Flechas, tiros ensayan y carreras.