XXXIII.

»Yo hablarle y estrechar su mano ansiaba,

Jóven el alma y de entusiasmo henchida;

Llegué, y al muro que el Feneo lava,

Oficioso llevéle. A su partida

Licias saetas y una insigne aljaba

Y una clámide de oro entretejida,

Y dos frenos me dió, tambien de oro,

Que hoy de Palante son gala y tesoro.