XXXIV.

Allí, en la popa, el ánimo constante

Con pensamientos bélicos fatiga

El grande Enéas. Muévele Palante,

A su izquierda sentado, á que le diga

Ya los astros que rumbo al nauta errante

En noche opaca dan con lumbre amiga,

Ya de su propia vida los azares,

Cuantos corrió por tierras y por mares.