CAPÍTULO XXI.
De la disciplina y buen gobierno que estableció el conde de Tendilla en la guarnicion de Alhama.
Con motivo de la toma de Zahara, ganada por segunda vez por los cristianos, se complacen los coronistas de aquella época en cotejar el descuido del alcaide moro, que perdió esta fortaleza en la claridad del dia, con la vigilancia del cristiano gobernador de la de Alhama. Las observaciones que hacen á este intento, servirán de asunto al capítulo presente.
La custodia de esta importante plaza, estaba entonces confiada á don Iñigo Lopez de Mendoza, conde de Tendilla, caballero esforzado y de noble sangre, hermano del gran cardenal de España. Al tomar posesion de su gobierno, halló que la guarnicion se componia de solo mil hombres entre peones y caballos: tropa aguerrida y veterana, pero licenciosa, adicta al juego y á la holganza, y agena de disciplina. Los naipes y los dados eran ya las armas que mas bien manejaban: los cantares deshonestos, las músicas ociosas, les ocupaba lo mas del tiempo, á vueltas de ruidosas altercaciones y sangrientas riñas. “Aqui, dijo el Conde, no hay mas que un puñado de hombres: es menester, pues, que cada uno de ellos sea un héroe.”
Desde luego se dispuso á reformar estas costumbres, procurando inspirar á sus soldados una loable ambicion, y doctrinándoles en todo lo concerniente al ejercicio de la caballería: desterró los juegos, prohibió las músicas é hizo desaparecer la ociosidad, origen de tantos vicios, y causa de la perdicion de tantos ejércitos[31]. “El justo fin de una guerra, dijo, se pervierte muchas veces por la pravedad de los que la siguen: y la insubordinacion y falta de órden en la tropa, suelen ser el escollo de los planes mas bien concertados.” Añadiendo, cuando era menester, el rigor á la blandura y el castigo á los consejos, logró poco á poco restablecer la disciplina, despertó el espíritu belicoso de sus soldados, y los hizo ser el terror del enemigo.
La fortaleza de Alhama, por la elevacion en que estaba puesta, dominaba el camino que conducia á Málaga, y aquella parte de la vega regada por el Cazin y el Jenil. Desde aqui hacia el Conde sus salidas y correrías, arrebatando ganados, destruyendo mieses, é interceptando los convoyes que pasaban por el camino; y esto era tan frecuente, que decian los moros que ni una hormiga podia atravesar la vega sin que lo advirtiese el conde de Tendilla. Algunas veces salia á combatir las torres y casas fuertes que habia en contorno, donde el paisanage moro se guarecia y depositaba sus cosechas y ganado. En estas ocasiones solia llevar sus estragos hasta cerca de Granada, y volvia á Alhama conduciendo gran cantidad de despojos, y muchos prisioneros. Tal, en fin, era la actividad y solicitud con que el conde de Tendilla hacia la guerra, que ni dejaba en ócio á los suyos, ni en seguridad al enemigo: y los moros, viendo que no podian alejarse de Granada mas de una legua, para atender á las labores del campo, sin mucho peligro de quedar cautivos, prorrumpieron en quejas y clamores contra el Rey, que asi permitia se insultase su territorio. Con este motivo se despacharon de Granada varios escuadrones de caballería, á fin de que protegiesen á los labradores en la colectacion de sus cosechas. Estas tropas, rondando en las inmediaciones de Alhama, impedian las salidas de los cristianos, y los tuvieron por algunos dias encerrados en la fortaleza.
Estando asi bloqueado el Conde, se oyó una noche un estampido tremendo, que estremeció la fortaleza hasta sus cimientos. Los habitantes de la villa despertaron llenos de temor, y los soldados de la guarnicion corrieron á las armas, recelando fuese un asalto del enemigo: pero la causa de esta alarma resultó ser la caida de un gran trozo de la muralla del castillo, que minada por las lluvias del invierno, se habia hundido, dejando una gran brecha por la parte que miraba al campo. En gran cuidado puso este fracaso al Conde, pues llegando á conocimiento de los moros, era indudable que darian aviso en Granada y Loja, y que viniendo de alli una fuerza considerable, les seria fácil combatir la fortaleza y entrarla por aquella brecha. En este apurado lance dió el Conde pruebas de un ingenio fecundo de recursos. Mandó cubrir toda aquella parte del muro que se habia caido con un gran lienzo, el cual hizo luego pintar, imitando una muralla con sus almenas; y en efecto salió tan semejante, que desde lejos no se podia distinguir el lienzo de la muralla[32]. En seguida hizo trabajar con la mayor diligencia en el reparo del portillo, sin permitir entre tanto que saliese nadie de la villa, porque no diesen aviso al enemigo, del estado indefenso en que se hallaba. Algunas partidas de caballería ligera se vieron discurrir en aquellos dias por los campos de Alhama; pero ninguna notó el engaño del lienzo y el defecto de la muralla; de suerte que en pocos dias quedó ésta reedificada y mas fuerte de lo que antes estaba.
No es menos digno de atencion otro arbitrio, que poco despues discurrió este ingenioso caballero. Llegó á faltarle enteramente el dinero, y no tenia oro ni plata con que pagar los sueldos de los soldados, que murmuraban y se quejaban, viéndose sin los medios de comprar en la villa lo necesario para su subsistencia. Para ocurrir, pues, á esta necesidad, escribió de su mano en varios papelitos diversas cantidades, grandes y pequeñas, segun le pareció que lo exigian las circunstancias, y autorizando estas cédulas con su firma, las dió á su tropa en pago de su sueldo[33]. Al mismo tiempo mandó bajo las penas mas severas, que nadie en Alhama rehusase admitir este papel por el valor que en él estaba señalado; prometiendo solemnemente redimirlo con el tiempo, y pagar su importe en oro ó plata. Los habitantes que conocian la integridad del Conde, fiaron en su palabra, y recibiendo sus pagas en esta moneda, remediaron las necesidades de la guarnicion.
Preciso es añadir, en honor de la justicia, que el Conde cumplió su palabra como buen caballero; y este es el primer ejemplar que se sabe del uso de papel-moneda, que despues se ha hecho tan general en todo el mundo civilizado.