CAPÍTULO XXXVIII.
Boabdil vuelve secretamente á Granada y se presenta á sus parciales.
En manos de Dios (dice un coronista árabe) está el destino de los príncipes. Él solo da los imperios. Un ginete moro, montado en un veloz caballo árabe, venia atravesando las montañas que se extienden entre Granada y la frontera de Murcia. Pasando los valles con precipitacion, se detenia y miraba cauteloso el camino cuando llegaba á las alturas. Á poca distancia le seguia un escuadron de caballeros que no pasaba de cincuenta lanzas. En el primor de sus armas y arneses mostraban ser guerreros de distincion, y el aire magestuoso y noble de su gefe parecia denotar un príncipe. El escuadron que asi describe el coronista árabe era el Rey moro Boabdil y sus fieles partidarios.
Por espacio de dos noches y un dia caminaron con no poco trabajo y riesgo por los pasos mas solitarios de las montañas, sin entrar en las poblaciones. Era la media noche, y la oscuridad y el silencio prevalecian en derredor, cuando empezaron á bajar de las montañas, y se acercaron á la ciudad de Granada. Siguiendo cautelosamente lo largo de la muralla, llegaron cerca de la puerta del Albaicin. Aqui dejó Boabdil escondidos á los que con él venian, y tomando solo cuatro ó cinco de ellos, se acercó con resolucion á la puerta, y llamó con el pomo de su alfange. Acudió la guardia, y preguntó quién llamaba á una hora tan intempestiva. “El Rey, respondió Boabdil, abrid presto.” Asi lo hicieron en efecto, y reconociendo los soldados á la luz de una hacha la persona del jóven Monarca, le admitieron sin replicar. Habiendo entrado con sus parciales, corrieron éstos á las casas de los principales moradores del Albaicin, que intimándoles se armasen en defensa de su Soberano; y al amanecer ya estaba todo el arrabal sobre las armas, y reunido bajo el estandarte de Boabdil. Tan feliz éxito tuvo este arrojo; que asi puede llamarse, pues ningun concierto prévio existia ni inteligencia con los de Granada. “Asi como los guardas abrieron las puertas del Albaicin, dice un historiador coetáneo, asi Dios abrió las voluntades de los moros para que recibiesen á su Rey”[60].
Por la mañana temprano el Zagal, con la nueva de este suceso, sacudió el sueño, y reuniendo su guardia, se encaminó espada en mano contra el Albaicin, esperando sorprender á su sobrino; pero los partidarios de éste le recibieron con intrepidez, y le obligaron á retroceder á la plaza de la mezquita mayor. Aqui se encendió de nuevo la pelea, y se batieron los dos Reyes mano á mano y con furor implacable, como si quisieran decidir sus pretensiones á la corona por un combate singular; pero acudiendo muchos de una y de otra parte, fueron separados, y los del Zagal tuvieron que abandonar la plaza. Todavia duró algun tiempo por las calles esta lucha cruel, que despues se renovó en el campo, donde se batieron ambos partidos hasta la tarde. Á la noche se retiraron unos y otros á sus cuarteles respectivos, para volver á pelear á la mañana, sin que por muchos dias dejasen de ensangrentar malamente las calles de la ciudad, hecha víctima de estas bárbaras disensiones. Atacándose alternativamente, sitiaban á veces los del Zagal al Albaicin, y á veces haciendo éstos una salida, rechazaban á sus contrarios, y los encerraban en la Alhambra, en cuyos encuentros el furor que los animaba no permitia á ninguno de los dos partidos conceder cuartel á los prisioneros del otro.
Entretanto, Boabdil, hallándose con fuerzas muy inferiores á las de su rival y temiendo una mudanza en las voluntades de sus parciales, que los mas eran mercaderes y artesanos, y empezaban á cansarse de tantos trabajos y escenas tan sangrientas, envió sus mensajeros á don Fadrique de Toledo, general de las fuerzas cristianas en la frontera, rogándole con instancia acudiese á su socorro. Don Fadrique, que tenia órdenes del Rey para favorecer á Boabdil contra su tio, se puso luego en marcha con una fuerza competente, y se acercó á Granada; pero temiendo alguna traicion, cuidó de no comprometerse con ninguno de los dos partidos, y se mantuvo por de pronto en observacion de sus movimientos. El carácter feroz y sanguinario de las disensiones que desgarraban á la infeliz Granada, convenció en breve á don Fadrique que no estaban de inteligencia aquellos Reyes; y determinando ayudar á Boabdil, le envió un cuerpo de peones y arcabuceros al mando de Fernan Alvarez de Sotomayor, alcaide de Colomera. Este socorro, semejante á un tizon arrojado al fuego, encendió de nuevo las llamas de la guerra civil, que ardió entre los habitantes moros por espacio de cincuenta dias.
ÍNDICE
de los capítulos contenidos en este tomo primero.
| [Introduccion]. | [v] |
| [Capítulo Primero]. Del reino de Granada, y del tributo que pagaba á la corona de Castilla. | Pág. [1] |
| [Cap. II]. Los Reyes católicos envian á pedir el tributo al moro: lo que éste contestó, y cómo quebrantó la tregua. | [7] |
| [Cap. III]. Expedicion de Muley Aben Hazen contra la fortaleza de Zahara. | [15] |
| [Cap. IV]. Expedicion del marqués de Cádiz contra Alhama. | [21] |
| [Cap. V]. De la sensacion que causó en el pueblo de Granada la toma de Alhama, y de la salida que hizo el Rey moro para recobrarla. | [34] |
| [Cap. VI]. El duque de Medina Sidonia y los caballeros de Andalucía, acuden al socorro de Alhama. | [43] |
| [Cap. VII]. Acontecimientos en Granada y principios del Rey moro, Boabdil el chico. | [54] |
| [Cap. VIII]. Expedicion real contra Loja. | [61] |
| [Cap. IX]. Muley Aben Hazen entra por los estados de Medinasidonia, y corre la campiña de Tarifa. | [70] |
| [Cap. X]. Incursion de los caballeros de Andalucía por los montes de Málaga, llamados la Ajarquía. | [79] |
| [Cap. XI]. El Rey chico de Granada, con un ejército bizarro, marcha contra Lucena. El conde de Cabra y el alcaide de los Donceles se disponen á resistirle. | [96] |
| [Cap. XII]. La batalla de Lucena. | [106] |
| [Cap. XIII]. Lamentaciones de los moros por la batalla de Lucena. | [115] |
| [Cap. XIV]. Del ensalzamiento de Muley Aben Hazen, y de la cautividad de Boabdil. | [121] |
| [Cap. XV]. Libertad de Boabdil. | [128] |
| [Cap. XVI]. Boabdil vuelve de su cautiverio. | [132] |
| [Cap. XVII]. Salida de los moros de Ronda para correr los campos de Utrera, y batalla del Lopera. | [138] |
| [Cap. XVIII]. Retirada de Hamet el Zegrí. | [149] |
| [Cap. XIX]. Del honroso recibimiento que hicieron los Reyes católicos al conde de Cabra y al alcaide de los Donceles. | [154] |
| [Cap. XX]. Empresa del marqués de Cádiz para recobrar á Zahara, y su resultado. | [159] |
| [Cap. XXI]. De la disciplina y buen gobierno que estableció el conde de Tendilla en la guarnicion de Alhama. | [164] |
| [Cap. XXII]. De la entrada del ejército cristiano en el territorio de los moros para talar sus tierras. | [169] |
| [Cap. XXIII]. Tentativa del Zagal para sorprender á Boabdil en Almería. | [176] |
| [Cap. XXIV]. Nueva campaña del Rey católico contra los moros, y sitios de Coin y Cartama. | [180] |
| [Cap. XXV]. Sitio de Ronda. | [187] |
| [Cap. XXVI]. Los granadinos brindan con la corona al Zagal, y éste parte para la capital. | [194] |
| [Cap. XXVII]. Tentativa del conde de Cabra para prender al nuevo Rey de Granada, y su resultado. | [200] |
| [Cap. XXVIII]. Expedicion contra los castillos de Cambil y Alhabar. | [205] |
| [Cap. XXIX]. Empresa de los caballeros de Calatrava contra la villa de Zalea. | [211] |
| [Cap. XXX]. Muerte de Muley Aben Hazen, y concordia entre el Zagal y Boabdil. | [216] |
| [Cap. XXXI]. Del ejército cristiano que se reunió en Córdoba, y del consejo que tuvo el Rey en la Peña de los enamorados. | [223] |
| [Cap. XXXII]. El ejército cristiano se presenta delante de Loja; asedio de esta plaza, y proezas del Conde inglés. | [231] |
| [Cap. XXXIII]. Toma de Illora. | [240] |
| [Cap. XXXIV]. De la llegada de la Reina Isabel al campo de Moclin, y discretos dichos del Conde inglés. | [244] |
| [Cap. XXXV]. Rendicion de Moclin, y otros sucesos. | [250] |
| [Cap. XXXVI]. De la nueva tala que hizo el Rey católico en la vega de Granada, y de la suerte de los dos hermanos moros. | [255] |
| [Cap. XXXVII]. Atentado del Zagal contra la vida de Boabdil, y resolucion que tomó éste á consecuencia. | [261] |
| [Cap. XXXVIII]. Boabdil vuelve secretamente á Granada y se presenta á sus parciales. | [265] |
NOTAS
[1] Zurita lib. XX. cap. 42.
[2] Juan Bolero Renes. Relaciones universales del mundo.
[3] Garibay, compend. lib. IV. c. 25.
[4] Garibay, comp. lib. XL. cap. 29. Conde, Historia de los árabes, p. IV. cap. 34.
[5] Zurita, Anales de Aragon: lib. XX. cap. 41. Mariana, Historia de España: lib. XXV. cap. 1.º
[6] Zurita, Anales, lib. XX. c. 42.
[7] Especie de parapeto movible, hecho de tablones, con que se defendian los soldados cuando iban á escalar una muralla.
[8] Garibay, lib. XL. c. 29.
[9] Pulgar, Crónica.
[10] Crónica de los duques de Medina Sidonia, por Pedro de Medina. M. S.
[11] Illescas, Hist. Pontifical.
[12] Pulgar, Crónica, p. 3 c. 3.
[13] Zurita, lib. XX. c. 43.
[14] En premio de su valor, armó el Rey caballero á Pedro Pinedo. Zúñiga, Anales de Sevilla, lib. XII. an. 1482.
[15] Crónica del gran Cardenal, c. LXXI.
[16] Salazar, Crónica del gran Cardenal, c. LXXI.
[17] Pulgar, Crónica.
[18] Cura de los Palacios, c. 58.
[19] Alonso de Palencia, L. XXVIII. c. 3.
[20] Cura de los Palacios.—La pérdida de los cristianos, segun Zurita, (Anales de Aragon l. 20, cap. 47.) fue de ochocientos muertos y mil y quinientos prisioneros, entre ellos 400 caballeros de linage. Y esta derrota y matanza (dice Andrés Bernaldez,) se efectuó con 550 de á caballo, que los mas eran gente del campo, sin arte ni disciplina.
[21] Cura de los Palacios.
[22] Mármol Rebel. de los moros, lib. I. c. 12.
[23] Garibay, lib. XL. c. 31.
[24] Cura de los Palacios.
[25] Cura de los Palacios.
[26] “En el despojo de la batalla se vieron muchas ricas corazas, é capacetes, é baberas, de las que se habian perdido en el Axarquía, é otras muchas armas, é algunas fueron conocidas de sus dueños, que las habian dexado para fuir, é otras fueron conocidas, que eran muy señaladas, de hombres principales que habian quedado muertos ó cautivos, é fueron tomados muchos de los mismos caballos con sus ricas sillas, de los que quedaron en la Axarquía, é fueron conocidos cuyos eran.” Cura de los Palacios, c. 67.
[27] Cura de los Palacios, ubi supra.
[28] Mariana, Abarca, Zurita, Pulgar, etc.
[29] La relacion de este ceremonial tan característico de la corte de Castilla en aquella época, concuerda en todo lo esencial con otras que se hallan en Andrés Bernaldez y en otros MSS.
[30] Cura de los Palacios, c. 68.
[31] Pulgar, Crónica. Salazar, Hist. del gran Cardenal.
[32] Pulgar, parte III. cap. XXVI.
[33] Pulgar, ubi supra.
[34] Pulgar. Crónica, 3 parte, cap. XX.
[35] Pulgar, Garibay, Cura de los Palacios.
[36] Pulgar, c. 42.
[37] Zurita, Mariana, Abarca.
[38] Abarca, Zurita, &c.
[39] Zurita, lib. XX. c. 64. Pulgar, Crónica.
[40] Abarca, Anales de Aragon.
[41] Zurita, Anales de Aragon. Pulgar, parte III. c. 51
[42] Cura de los Palacios, cap. LXXVII.
[43] Zurita, lib. XX. c. 68.
[44] Garibay, lib. XL. c. 33.
[45] Pulgar p. III. c. 41, 56.
[46] Cura de los Palacios.
[47] Cura de los Palacios, MS.
[48] Pulgar, parte III. cap. 58.
[49] Cura de los Palacios.
[50] Cura de los Palacios.
[51] Pietro Martyr, Epist. 61.
[52] Cura de los Palacios.
[53] La relacion de este acontecimiento, y de los festejos que se hicieron á la Reina por su venida al real, se halla con alguna variedad en el MS. del Cura de los Palacios. El Conde inglés no vuelve á figurar en esta guerra. De las historias resulta, que en el discurso de este año regresó á Inglaterra; que despues, pasó á Francia á la cabeza de 400 voluntarios para auxiliar á Francisco, duque de Bretaña, contra Luis XI, y que murió en la batalla de san Alban, entre Bretones y Franceses.
[54] Marino Siculo. Pulgar, Garibay.
[55] Marino Siculo.
[56] Illescas Hist. Pontif. lib. VI. c. 20.
[57] Pulgar part. III. cap. 61.
[58] Pulgar parte III. c. 62.
[59] El célebre duque de Alba no nació hasta 1508, y seria nieto del que aqui se cita.
[60] Pulgar.
Nota de transcripción
- Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la grafía de mayor frecuencia.
- La puntuación ha sufrido reparaciones, añadiéndose signos de apertura de interrogación y de admiración donde faltaban.
- Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar.
- Las páginas en blanco han sido eliminadas.
- Se han añadido ilustraciones de adorno al final de todos los capítulos, pese a que en el original sólo existían donde quedaba suficiente espacio libre.
- Se han realizado, además, los siguientes cambios:
- Página
- Original
- Cambiado
- p. [102]:
- sino
- [si no]
- p. [178]:
- sino
- [si no]
- p. [235]:
- sino
- [si no]
- p. [239]:
- habia todo
- [habia dado todo]
- p. [256]:
- sino
- [si no]