CAPÍTULO XXIII.

De los desastres que ocurrieron en el real.

A proporcion de la abundancia que habia en el real cristiano de todas las cosas de necesidad, y aun de lujo, conducidas por una multitud de acémilas que dia y noche no cesaban de bajar de las montañas, era la escasez que se padecia ya en la guarnicion de Baza, donde la falta de mantenimientos y la mengua de los recursos, amenazaba los horrores de la hambre.

El príncipe Cidi Yahye se habia conducido con mucho valor y espíritu, en la defensa de la ciudad, mientras hubo esperanzas de triunfar de los sitiadores; mas ahora empezaba á declinar de la constancia que solia animarle, y se le veia pasear con aire pensativo los adarves de Baza, volviendo muchas veces los ojos ansiosamente hácia el campo cristiano, y quedando luego absorto en una meditacion profunda. El veterano alcaide Mohamed Ben Hazen, á cuya penetracion no se ocultaban los pensamientos del jóven príncipe, procuraba reanimarle y le decia: “La estacion de invierno se acerca; con las lluvias crecerán los arroyos, y las avenidas de la sierra inundarán la vega. El Rey cristiano ya vacila, y no podrá detenerse mucho mas en estos sitios. Un solo temporal que sobrevenga, arrebatará con ímpetu irresistible ese conjunto de alegres pabellones, y los desparramará de la misma suerte que el viento esparce el polvo de las eras.”

Con estas razones se animó el príncipe Cidi Yahye, y no veia llegar la hora de que empezase la estacion lluviosa. Estando un dia observando el real cristiano, notó en él un movimiento general, y oyó el ruido de muchas herramientas, como si se estuviera construyendo algunas nuevas máquinas de guerra. Poco despues vió con asombro levantarse sobre las cercas del real unos edificios cubiertos de madera y tejas; luego mas de mil casas construidas de tapia, aparecieron coronadas con los pendones de diversos capitanes; por último, las frágiles tiendas y blancos pabellones que cubrian las llanuras, desaparecieron como nubes ligeras, y vióse al campo cristiano convertido en una especie de ciudad, con sus calles y plazas; pues hasta los soldados habian hecho sus enramadas ó chozas, para su comodidad. En medio de todas ellas se habia erigido un edificio capaz, donde tremolaban los estandartes de Castilla y de Aragon, indicando la mansion del Soberano[29].

Fernando habia tomado la resolucion de substituir á las tiendas de campaña estas casas provisionales, asi para defensa contra los rigores de la estacion próxima, como para convencer á los moros que su ánimo era continuar el sitio. Pero al construir estas nuevas habitaciones, no se habia tenido presente la naturaleza del clima en aquel pais, ni se tomaron las precauciones convenientes contra los estragos que suelen causar en Andalucía las aguas otoñales despues de una larga sequedad. Apenas se acabaron de construir aquellos endebles edificios, sobrevino un temporal tan recio, que en pocos momentos vinieron la mayor parte al suelo, sepultando en sus ruinas hombres y bestias; el campamento se inundó todo, se perdieron muchas vidas, y fue grande la pena y trabajo que se padeció en el real. Para mayor confusion de los sitiadores, cesaron repentinamente las remesas de víveres; porque con la gran lluvia reciente, ni los caminos eran transitables, ni se podian vadear los rios. Con solo haber faltado un dia la provision ordinaria, se hizo tan sensible la escasez de pan y cebada, que la consternacion se apoderó de todo el ejército. Afortunadamente fue pasagero el temporal; cesó la lluvia, pasaron los torrentes, y los convoyes detenidos en las orillas de los arroyos, llegaron con felicidad al campo.

Apenas la Reina doña Isabel tuvo noticia de este contratiempo, tomó providencias activas para precaver efectos tan desastrosos. Despachó seis mil peones, con ingenieros experimentados, para reparar los caminos, y hacer puentes y calzadas, como lo verificaron por espacio de siete leguas de tierra. Las gentes de armas que por órden del Rey estaban distribuidas por los cerros para guardar los pasos de las montañas, hicieron dos sendas; una para las caballerías que venian al real con los bastimentos, otra para las que volvian á fin de que no se encontrasen en el camino, ni se estorbasen el paso las unas á las otras: las casas destruidas por el temporal reciente, se construyeron de nuevo con mayor solidez, y se tomaron medidas de precaucion para proteger el campo contra las inundaciones que podrian sobrevenir en adelante.