Romance de Don Egas Moniz
(De Juan de la Cueva)
La villa de Guimaraes
Don Alonso habia cercado,
Oitavo rey de Castilla,
Conmovido y alterado
Contra Don Alonso Enriquez,
Su infante y su mayorazgo,
Que no obedeciendo al Rey
Contra su edicto y su mando,
Teniéndole en menosprecio,
No acudiendo á su llamado,
Ni á las cortes de Castilla,
Aunque era á ellas citado,
Como tenia obligacion,
Y debe cualquier vasallo,
Cual el era de Castilla
Con juramento obligado,
Y no acudia á sus cosas,
Ni d'ellas tenia cuidado.
O fuese por querer suyo,
O por mal aconsejado,
Al fin estimaba en poco{[166]}
Ser de Castilla llamado.
D'esto el Rey ardiendo en ira
Contra el Infante indignado,
Le comenzó á combatir
Teniéndole ya cercado,
Dàndole por todas partes
Fieros y duros asaltos,
Perseverando en su intento,
Prometiendo y protestando
Que hade igualar por el suelo
Su muro reedificado,
De donde los portuguezes
Se defienden aunque en vano,
Porque la porfia del Rey
En un tiempo ya tan largo
Los tenia tan estrechos,
Tan sin fuerzas y gastados,
Faltos de mantenimientos
E de vituallas faltos,
Costreñidos de la suerte
Que estaban determinados
A rendirse, pues se vian
Sin remedio en tal estado,
Y entregar al Rey la villa
Por no recebir mas daño.
Todo el pueblo en este acuerdo
La ocasion anda trazando,
Viendo que el Rey persevera
Que su intento lleve al cabo,
Sin desistir de su intento
Ni alzar del cerco la mano,
Y para que venga á efecto,
Un dia andaba mirando
El sitio, el lugar y assiento,
Por uno e por otro cabo,
Y por d'onde el dia siguiente{[167]}
Pueda el pueblo ser entrado
Con mayor facilidad,
Pues casi estaba arruinado.
Los de dentro temerosos,
El presto fin aguardando,
Viendo que él solicitaba
Su total miseria y daño,
Un caballero animoso,
Que era Egas Nuñez llamado,
Viendo el peligroso apierto
Del cerco en que estan cercados,
Temiendo ver que se entregue
El pueblo ya acobardado,
Que viendo al Rey junto al muro
Todos estaban temblando;
Mas él con ánimo fuerte
Y corazon levantado,
Determina de morir
O que su pueblo sea salvo;
Y asi con firme braveza
Armado subió á caballo
Y sale á do estaba el Rey,
Y ante el puesto, asi ha hablado:
—¿Qué razon hay que tu Alteza
Con ánimo tan airado
Asi quiera destruirnos,
Y en ello ponga el cuidado,
Siendo razon mas urgente
Que mires por tus vassallos,
Que no hacerles tal guerra,
En la cual no acobardados
Hallarás los corazones,
Que nada les pone espanto,
Ni les forzará á que hagan
Por fuerza tu real mandado,
Pues pueden sufrir el cerco{[168]}
Y darte guerra diez años,
Sin que les falte comida,
Ni cosa para este caso?
Mas una razon los vence,
Y es esta quien me ha forzado
Que venga á pedir que quieras
Que esto acabe, el cerco alzando,
Pues la fe que en ti tenemos
Nos da esfuerzo en el quebranto,
Que aceptarás nuestro ruego
Cual te ha sido suplicado.
A esto vengo como tio
Del Infante, y su vasallo,
Por el cual te doy la fe,
Como noble hijo-dalgo,
Que en todo cuanto mandares
Seguirá tu real mandado;
Y acabe ya esta contienda
De cristianos á cristianos,
Y vamos contra los moros
Que nos hacen tanto daño,
Entrandose por Castilla,
Tu poder menospreciando;
Que en lo que toca á nosotros
Por la fe que ya te he dado,
Juro en nombre del Infante
Como deudo mas cercano,
Que el y todos te obedezcan
Como leales vasallos.—
Esto oido por el Rey,
Luego el cerco levantando,
Egas Nuñez dió la vuelta
El libre, y su pueblo salvo.
Fuése el Rey, ordenó Cortes,
Todo aquesto ya pasado,
Citan al Infante á ellas{[169]}
Por edicto señalado,
Responde que él no hade ir
A ellas, siendo forzado.
Oyendo Egas Nuñez esto,
Y habiendole al Rey jurado
Que el Infante cumpliria
Lo que dél fuese mandado,
Visto que el enganó al Rey,
Y que él era el obligado
A cumplir el juramento
Que hizo como hijo-dalgo,
Con su mujer e sus hijos,
Dispuesto y aparejado
A lo que dél sucediese,
Para el Rey siguió su paso
Vestido de peregrino,
Y de aquel modo llegado
A la presencia del Rey,
Le dice ante el humillado:
—Gran senor, yo me presento
Ante ti, en ti confiado,
Que mirarás con clemencia
La culpa en que soy culpado.
Yo soy aquel caballero
Con quien hablaste en tu campo,
Cuando sobre Guimarães
Lo tenias asentado.
Fingiendo-me que era tio
Del Infante, fuete dado
Seguro de mi palabra
Que vendria a tu llamado,
Esto sin mas facultad
De la que yo hube tomado,
Pues no es mi deudo el Infante,
Cual de mi te fue afirmado;
Mas es mi rey y señor{[170]}
Y yo, como su vassallo
Viendo el peligro y aprieto
En que lo tenias cercado,
Quise por aquesta via
Ser remedio de su daño:
Y asi pues yo me obligué,
Y por mi fueste engañado,
Yó, mis hijos y mujer
Paguemos este peccado.—
Esto diciendo Egas Nuñez
Cruzó en el pecho los brazos,
Y hincado de rodillas
Como estaba se ha quedado.
El Rey de oir la extrañeza
Aunque de ira incitado,
Se admiro, y mirando á Egas
Le dijo, asiendole el brazo:
—Levanta, que tu lealtad
Te hace libre, y tu engaño
Alabo, pues me engañaste
Por hacer a tu rey salvo;
Y asi llevarás el premio
Digno de un hecho tan alto,
Mandóle dar muchos dones,
Aderezos e caballos
Para volver-se a su tierra,
Do vuelto, fué mui loado
De todos, y del Infante
Conforme al hecho estimado.
Coro Febeo de romances historiades. Ed. 1687.{[171]}