Don Pedro. (Abrasado de impaciencia.) Alcalde, ¿qué hay?
Alcalde. Que me debe usted una merienda en el campo. He ganado la apuesta.
Don Pedro. ¡Ah! (Quédase con la palabra atravesada[670] en la garganta.)
Filomena. (A María.) ¿Hija... qué?
María. (Sin mostrar alegría, pero sin afectación de pena.) Queridos padres, vuestras esperanzas son realidad.[675] Mi... (Iba a decir «mi hermano:» se corrige.) Vuestro hijo será antes de una semana... el esposo de Teodolinda.
Don Pedro. ¡Jesús!... ¡Oh!... (Quiere hablar y no puede. Queda como paralizado.)
Alcalde. La noticia es de las que al modo de centella[680] pueden herir. Por esto Cesáreo se sirve de mí como pararrayos. Vean los telegramas. Son de ayer: han venido con retraso. (Les alarga los telegramas. Filomena los arrebata.)
Filomena. Déme...[685]
Don Pedro. No, no... mentira... no creo... (Es acometido de una violenta perturbación nerviosa.)
Filomena. (Leyendo trémula, la voz cortada.) «Casamiento... lunes próximo... Teodolinda... abraza a sus padres... amorosa hija...»[690]