León. (Con orgullo y convicción.) Yo la he borrado, yo. (Insistiendo.) Digo que yo la he borrado, y basta.[165] Si la conciencia humana no pudiera ennegrecerse y limpiarse como esta cara mía, que viste tiznada de carbón y ahora ves blanqueada por el agua, no seríamos hombres, seríamos animales.

Cesáreo. Retóricas... Eso se dice.[170]

León. Y se hace. Puedes creerlo, puedes dudarlo. No tengo interés en convencerte.

Cesáreo. Si, en efecto, lavaste tu afrenta, ¿por qué no procuraste que así lo comprendiese tu tío el Marqués de Tarfe, el noble anciano que...?[175]

León. Por escrito le dije lo mismo que de palabra te he dicho a ti. Pero no me creyó. Como tú, me dijo: «Retóricas.»

Cesáreo. ¿Sabes que murió tu tío?

León. Lo sé.[180]

Cesáreo. ¿Sabes que en su testamento no te dejó ni el más pequeño legado?

León. Lo sé. No esperaba herencia ni legado. Y la verdad, no sentí la preterición de mi nombre en el testamento. Me satisface más vivir de lo que he adquirido[185] con mi trabajo. Cada uno tiene su manera de borrar lo que fue, para dar mayor vida y realce... a lo que es.

Cesáreo. ¿Y de la causa que se te formó no tienes noticia reciente?[190]