Filomena. Paciencia, Pedro. Para mirar por nosotros, allá quedó nuestro hijo Cesáreo...[170]
Don Pedro. (Exasperado.) ¿Pero qué hace en Madrid Cesáreo, pregunto yo, si no revuelve el mundo por sacarnos de este pantano?
Corral. (Recordando.) Tengo el gusto de anunciar a los señores Marqueses que su hijo D. Cesáreo llegará hoy.[175]
Don Pedro. (Gozoso.) ¡Mi hijo... aquí!
Filomena. (Gozosa.) ¡Cesáreo! ¿Cómo lo sabe usted?
Corral. Por un telegrama que recibió esta mañana el Alcalde.[180]
Don Pedro. Me sorprende mucho.
Filomena. A mí no, sabiendo que está aquí Teodolinda.
Don Pedro. La ricachona americana, la super-mujer, poseedora, según dicen, de un capital de diez millones[185] de pesos... No creo en cuentos de hadas; no creo que existan diez millones de duros, ni que una viuda los posea.
Don Rafael. ¿Ni creerá usted que le ha dado la ventolera de adquirir las propiedades más valiosas de la[190] provincia?