Filomena. Sí, sí... María irá con usted...
Vicenta. Para mí no hay mayor honra... (A María.) Y me enorgullece llevarla a usted conmigo, aunque a[525] su lado resultaré una facha.
María. ¡Por Dios, Vicenta!...
Vicenta. Usted ha traído todo su guardarropa, de última moda, elegantísimo, y yo...
María. ¿No me dijo usted que esperaba hoy el vestido[530] de garden party que encargó a Madrid?
Vicenta. (Desconsolada.) Pero no vendrá, ¡qué pena! (Saca una carta.) Vean la carta de la modista, que ha sido como un rayo... (Lee.) «Imposible remitir hoy...» Este contratiempo me anonada.[535]
Filomena. Lo comprendo. ¡Contar con una cosa y...! Las modistas son tremendas.
Vicenta. Pues ahora viene la súplica. En este conflicto no veo más que una solución: arreglar un vestido que estrené año pasado, cuando vino el Ministro de[540] Fomento y se alojó en mi casa. Pero desconfío de que mi hermana y yo podamos arreglarlo con toda la elegancia que deseo. Ustedes me indicarán... Perdonen mi impertinencia. El puesto que ocupa Nicolás me obliga a ser la más elegante del pueblo. No quiero hacer mal[545] papel. Nicolás se disgustaría con esto más que si perdiera las elecciones.
Filomena. Enseñaré a ustedes un modelo que traje. (Las interrumpe Cirila entrando presurosa por el fondo.)
Cirila. Señora... ahí sube.[550]