Teodolinda. Que me gustaría poder juntar en una sola, para formar una propiedad verdaderamente regia.
María. (Aparte.) ¡Cuatro dehesas juntas! para que esta fiera tenga donde pasearse a sus anchas.[590]
Filomena. Hará usted todo lo que se le antoje, y no habrá ilusión ni capricho que no pueda satisfacer.
Teodolinda. (Con refinada amabilidad.) Por lo pronto, señora Marquesa, aquí me trae la ilusión de que usted y su linda hija honren esta noche mi casa.[595]
Filomena. Mi esposo y yo agradecemos a usted en el alma su invitación. (Suspirando.) Nos hallamos bajo el peso de tristezas y desazones que excluyen todo regocijo. Pero no privaremos a nuestra hija de esa magnífica fiesta. Cuente usted con María, que irá con la señora[600] Alcaldesa.
Teodolinda. Amiga mía, del mal el menos... Su preciosa hija será la flor más lucida de mi jardín, y la estrella más brillante de mi noche... quiero decir... de la noche de... (Embarullándose, no puede acabar el[605] concepto.)
Filomena. (Comprendiendo.) Sí, sí... ya...
María. (Aparte.) ¡Ay, Dios mío, se le acabó la cuerda!
Filomena. María agradece tanta bondad... y tendrá[610] mucho gusto...
María. Grandísimo placer... Será una fiesta espléndida, nunca vista en Agramante.