Don Pedro. Hija mía, no puedo decirte que estoy contento ni que estoy triste. Me encuentro en una expectación solemne...[855]
María. ¿Ves algún horizonte? ¿Y por fin, Cesáreo...? Cuéntaselo todo a tu hijita... ¿Te ha traído...?
Don Pedro. No he querido tomar lo poco que trae, pues sería loca imprudencia dejar inerme al guerrero que[860] se apresta al combate.
María. ¡Jesús, pues no estás hoy poco imaginativo!
Don Pedro. Digo que nosotros...
María. (Severa.) Nosotros...[865]
Don Pedro. Nos arreglaremos.
María. ¿Cómo?... Papá, por la Virgen Santísima, tú olvidas el ahogo continuo de esta existencia; el afán de ayer, de hoy, de mañana; la cadena de compromisos, de pequeñas deudas, que oprime, que envilece...[870]
Don Pedro. A todo se atenderá. ¿Recogiste las cartas?
María. Las recogí... pensaba quemarlas.