—Sí, mucho, para la producción de luz, de tracción y de fuerza motriz industrial, y tengo profunda fe[4] en el progreso de estas empresas en la América latina; en primer lugar porque no hay región en el mundo donde sean más copiosas las lluvias ni más numerosos los lagos elevados y los saltos de agua susceptibles de ser[5] utilizados; en segundo lugar, por la escasez de combustibles, que llega a veces a[6] hacer necesario el empleo de la leña para mover las locomotoras, sobre todo en los sitios alejados de los puertos. En tercer lugar, preveo que las exigencias de la vida civilizada harán cada vez más necesario el transporte rápido y frecuente de las personas en tranvías y ferrocarriles eléctricos. En todas las grandes ciudades, el movimiento de expansión característico de estos tiempos extiende cada vez más los rieles del tranvía hacia los suburbios, que van convirtiéndose allí también en lugar preferido de residencia.
—No olvidemos que la extensión del alumbrado público ha abierto ilimitadas oportunidades al empleo de la corriente eléctrica. Y me refiero especialmente a la electricidad, porque el gas debe ser caro en esos países....
—Naturalmente; pues es un derivado del carbón. Por eso, muchas ciudades han pasado de la era del petróleo a la edad de la electricidad. En la Argentina, más de cien ciudades están alumbradas a luz eléctrica, y la de Buenos Aires tiene alrededor de diez mil lámparas de arco. En esta ciudad los dínamos se mueven a vapor, y por lo tanto, la electricidad es cara; lo que no obsta para[7] que Buenos Aires tenga una de las instalaciones eléctricas más grandes del mundo.
—¿Hay instalaciones hidroeléctricas de importancia en la América latina?
—En el Brasil no es raro ver[8] exclusas de doscientos millones de metros cúbicos de agua, e instalaciones hidráulicas que envían la electricidad por más de cien kilómetros de cable.
—¿Se emplea la energía eléctrica solamente como potencia motriz industrial?
—También se la aplica a levantar, por medio de bombas, el agua de los terrenos bajos para regar tierras altas.
—En tal caso esas obras producirán un alza en el precio de las tierras beneficiadas.
—Ud. lo ha dicho.[9] En ciertos lugares de Chile especialmente favorecidos por esas obras, el precio de la hectárea subió de cien a mil quinientos pesos.
—¿Son muchas las empresas norteamericanas que han adquirido concesiones en las varias repúblicas latino-americanas?