—De ambas clases. La de Chile da un vino superior al argentino; pero como fruta de mesa es inferior a la del país vecino.

—Confieso que ignoraba se produjese vino en el continente, fuera de California.

—Pero te sorprenderás mucho más al saber que la producción de vino de California es casi tres veces menor que la de Argentina, y apenas excede a la de Chile.

—Está visto que[6] en tratándose de Sud América nunca se está a cubierto de[7] sorpresas.

—Volviendo a las frutas de mesa, sabrás que el melocotón, que llaman comunmente durazno, se produce bien en el centro del Brasil, en el sur del Paraguay, en el Uruguay, la Argentina y Chile. En estos dos últimos países, hacia el sur y a ambos lados de los Andes, hay espléndidos huertos de manzanos; pero la explotación de esa fruta se hace en muy pequeña escala, a pesar de las excelentes condiciones del suelo y del clima.

—Probablemente el cultivo de la fruta satisface sólo las necesidades del consumo local y todavía no responde a un vasto plan de exportación.

—Te engañas.[8] El comercio de naranjas es muy activo, así por los ríos como por las costas del Atlántico; la mandarina, que se produce en la zona del Plata, se disemina en una región considerable. A orillas del Tigre, en la Argentina, y en las cercanías de Rancagua y de Santiago, en Chile, hay grandes establecimientos para la preparación de frutas en conserva. El tráfico de uva es asimismo muy intenso, y en la época de la vendimia corren trenes especiales entre Buenos Aires y los centros productores de esa fruta en los Andes. En el invierno, puedes comer esa misma uva, tan fresca como si acabara de ser cogida,[9] en los grandes hoteles de Nueva York... si te hallas dispuesto a pagar algunos dólares por cada racimo. Tú ves, por este solo dato, cuán generosas son las recompensas que recibe la iniciativa comercial, y cuán inesperadas oportunidades tiene el intercambio continental de los productos del suelo. He aquí una, gracias a la cual en un hemisferio fuera de estación se puede consumir la fruta fresca del otro.

—Me sorprendes. Yo creía que todo el tráfico internacional de fruta se reducía a la importación de plátanos o bananas y toronjas, y a la exportación de manzanas.

—Ya ves como estabas en error. Y a propósito de la banana, ¿no te has percatado de que esa fruta es un factor eficaz de panamericanismo?

—¿De panamericanismo, dices?