[3] los asuntos del día, every-day matters; every-day happenings.

39.—EL GAUCHO[1]
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Entre cien individuos agrupados en el campo, se conocerá inmediatamente a un verdadero gaucho por más pobre que[2] él sea: su caballo ensillado con esmero, tuzado y acepillado; su persona limpia, sus prendas de vestir[3] colocadas con gracia sobre el cuerpo; sus cabellos y barbas largos, pero peinados y cuidados, y en fin, aquel[4] aire atrevido y simpático a la vez, que parece decir a todos: «Yo soy el dueño de la tierra, ustedes no son más que gringos», es lo que le da a conocer.

...El gaucho sólo es amigo de sus amigos, es decir de sus iguales, y a los demás o los respeta o los desprecia: los respeta si son inteligentes o bravos; los desprecia si son simples, cobardes o hablantines. Por lo general el gaucho es reservado y comedido con las gentes que no conoce: el temor de decir algún disparate que le deje en ridículo,[5] le contiene de hablar ante extraños. Como él mismo lo dice, no da a conocer su juego[6] a dos tirones, lo que equivale a expresar que sólo acostumbra a abrir juicio[7] sobre lo que sabe y ante personas que trata de continuo. La guitarra y el canto lo divierten sobremanera, y es capaz de escuchar sin fastidio durante una noche a un guitarrista....

Para alabar o para vituperar las personas o las cosas, tiene recursos de lenguaje, giros poéticos, expresiones originales que hieren los sentimientos, penetrando de un modo especial en la inteligencia. Sin cuidarse de completar sus frases, las enuncia por medio de comparaciones y de referencias, que a pesar de su sencillez vulgar, tienen comunmente un alcance profundo. Así para expresar que un hombre es valiente, dice él: «es como las armas»[8]; que un hombre es vivo: que «es como la luz»[9]; para hablar de una mujer linda, «es como las estrellas»; para indicar un caballo rápido, «es como águila»; para elogiar a un individuo firme que no cede a los embates de la mala fortuna, «es como cuadro».[10] Cuando habla de su caballo le llama «mancarrón»; a su mujer «la china»[11]; a sus amigos «aparceros»; a los muchachos del campo, «charabones». Si le entusiasma alguna aventura heroica que le cuentan, demuestra su admiración por el héroe con esta exclamación: «¡Ah criollo!» Si él narra algún lance en que un ginete bien montado[12] evitó un sablazo o una lanzada, ladeando el caballo, dice que «soslayó el pingo».[13] No dice «tome usted», sino «velay»; al mate le llama «el verde»,[14] a los tragos de caña o de ginebra «gorgoritos,» al telégrafo eléctrico «el chismoso»,[15] al ferrocarril en señal de admiración, «el bárbaro».[16]

Pero donde agota todo el repertorio de sus dichos, es en la enumeración de las cualidades de un caballo que estima, y así dice: «es aseadito para andar»,[17] «es el peón de la casa»,[18] «es mi crédito», «es seguidor en el camino», «es liberal por donde lo busquen»,[19] «a donde quiera endereza»,[20] etc.

En la conversación familiar, y cuando desea mostrarse cariñoso, sea con los que están presentes o con algún amigo cuyo recuerdo le asalta, emplea términos de su invención o diminutivos que dan una flexibilidad singular a las palabras. Así a un hombre entendido en el baile o en la guitarra, o muy sobresaliente en el juego, el canto o las carreras de caballo, le llama «taura». A un amigo de valor personal[21] reputado, si es viejo le llama «viejito quiebra»,[22] y si es joven «indio crudo». A un parrandero que para poco en su casa,[23] le denomina «hombre gaucho». Si pregunta su nombre a alguno, y este responde, «soy fulano, para servir a usted»,[24] él le replica, «para servir a Dios».[25] Si entra a una pulpería y le convida un extraño: «gracias, amigo, a pagar lo que guste».[26] Cuando da las señas de un paraje cercano, no dice más allá sino «más allasito»; cuando se despide de los que estima, no dice adiós, sino «adiosito»; cuando quiere afirmar que no conoce absolutamente nada de un asunto, dice: «¡no sé cosísima ninguna!»

Sobresale también en buscar el lado ridículo de las cosas, y sus sátiras son a veces divertidas, pero las más de las veces sangrientas. Del hombre que sale poco de su casa, dice: «como peludo en la cueva»;[27] al individuo de ciudad le llama «maturrango»; al extranjero «gringo»; y en algunos casos «nación». Tiene refranes particulares de su cosecha[28] para caracterizar todas las circunstancias de que se ven aquéllos a quienes profesa ojeriza. Cuando alguno o algunos individuos que no son de campo[29] se presentan a participar del asado que hay en el fogón, el gaucho que sabe bien que van a estropear la carne, dice: «¡ya cayeron los chimangos!» A su enemigo lo llama «sotreta»; al caballo de su enemigo «matungo»; a las armas de un enemigo «armas solas»[30].

Las tres grandes pasiones del gaucho son: el juego (naipes, taba y carreras), las mujeres y la guerra. Sus vicios son: el mate, el cigarro y el baile. El juego acorta los largos días de holganza campestre, las mujeres suavizan la aspereza de su carácter cerril, y la guerra ejercita su espíritu aventurero. Cuando no juega, enamora o pelea; fuma, toma mate, o baila. Su modo de dormir es un misterio, y hasta parece que el sueño no fuese para él una necesidad. Tiene el más completo desprecio por los dormilones, así es que de los que duermen siesta antes del medio día, dice «duermen la siesta del burro»[31] y cuando quiere satirizar a alguno que ha sido desgraciado en la guerra, dice que «lo agarraron durmiendo.»

El poncho, muy superior a la capa española por la facilidad en cubrirse con él, y la desenvoltura en que deja los movimientos; el chiripá que aventaja al pantalón para el hombre que está todo el día a caballo, la bota de potro, fabricada por él mismo con un cuero de ese animal y cómodamente dispuesta para no estrecharle; el pañuelo del cuello que sirve de adorno y además de filtro para tomar agua en los arroyos y cañadas, por cuya razón siempre es de seda; el lazo, las boleadoras y el facón, que sirven para defenderse del hombre y de los enemigos; el recado con todas sus pilchas[32] que constituyen la silla y la cama del viajero, hacen que el gaucho, así vestido y pertrechado, lleve consigo a donde quiera que vaya, sus menesteres, su casa y su fortuna.