[3] botas arrieras, high cowhide boots worn by cattle-drivers going through the mountain passes.

[4] primero faltaría el sol que ..., the sun would fail (in his orbit) before ....

[5] muchachas que enamorar, girls to make love to. Note use of relative que.

[6] aunque no fuese por otro motivo que por haber, were there no other reason than that of having. Note the use of por before an infinitive.

III.—ALGUNOS PROHOMBRES DE HISPANO-AMÉRICA
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1.—BOLÍVAR[A]
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Era un ser excepcional. Tenía de Cayo Graco la sabiduría y la virtud; la audacia de Agamenón y el perfil heroico de los hombres de la Gironda.[1] Todo era puro y excelso en aquel vástago extraordinario perteneciente a la raza tan reducida de los predestinados, en aquel arcángel majestuoso que parecía iluminado por la Victoria y bendecido por el Destino.

Sus cartas, sus discursos, sus proclamas, ponen de relieve[2] al hombre de cerebro fecundo y centelleante que hizo, de la palabra, antorcha, y del pensamiento, luminoso penacho. Acaso nadie, teniendo como tenía Bolívar tan múltiples ocupaciones que apenas si[3] le daban tiempo para tomar la pluma o amalgamar ideas, pudiera producir tanta hermosura, tanto párrafo sorprendente por la forma y por el fondo, tantas metáforas e imágenes preciosas. Acompañaba al hecho, la expresión. Ponía la bomba y prendía la mecha; unía el material y le añadía el explosivo; tras de la arenga, la arremetida. Y así pasó su vida de visionario y de vidente, mostrando y dejándose ver; dando ideas y practicándolas.

La persuasión y la discreción del hombre de estado; la sencillez de Cincinato; la impetuosidad del guerrero estoico; la serenidad del hombre inconmovible; la mirada del águila y la garra del león; la bondad de la paloma y la dulzura del ruiseñor: Cada cosa en su oportunidad. Fiero, cuando se necesitaba atacar; magnánimo, cuando la clemencia se imponía. Bello, en el rasgo vigoroso, y en la sonrisa, suave. Imponente sin dejar de ser[4] humano; militar que con sólo clavar los ojos[5] encendidos dictaba una proclama y ordenaba un asalto. Era un león que acariciaba. No hay, no habrá en millares de años, temperamento, ni fuerza, ni carácter, ni entereza, que sobrepujen las cualidades extraordinarias de aquel atleta del ideal que tenía los resortes de la concepción y del hecho encarnados en sí: apto para mandar y apto para ejecutar. Luchó con el desinterés y la pasión de un evangélico sacerdote bajado de los cielos para salvar los pueblos.

Bolívar era el héroe incólume que reunía todas las cualidades del genio: Sólo así pudo llevar a las naciones de la roca Tarpeya al Capitolio.[6]