1.—AMBAS AMÉRICAS
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Cuando se echó sobre el torrentoso y ancho Niágara el puente colgante[1] que es hoy asombro de los ingenieros, la gran dificultad estaba sólo en pasar una maroma de la una a la otra orilla. Después de ensayados todos los medios, cohetes, globos, balas, etc., logróse pasar al fin un hilo. El puente estaba con esto echado. El hilo llevó una cuerda, la cuerda un cable, el cable una cadena. Así intentamos ahora echar un hilo sobre el ancho abismo que separa a ambas Américas, y si una mano solícita del bien[2] recoge y fija allá el otro cabo, habremos comenzado a construir el robusto cable que debe unir la actividad intelectual de ambos continentes. Establecida la comunicación, nuestros mensajes irán adquiriendo mayores dimensiones y variedad, y llegaremos a tener, como los Estados Unidos, órganos que satisfagan a todas las necesidades de la vida intelectual y material, tal como nos la imponen[3] los progresos modernos. Seguiríales entonces, como un desenvolvimiento necesario, la trasmisión, por los libros que esos conocimientos encierran, traduciéndolos al castellano, de las ideas que forman hoy, por decirlo así, el caudal común de la humanidad, y que no por todas partes penetran en la América del Sur, por falta de caminos y agencias adecuadas.
—Domingo F. Sarmiento (Argentino)
[1] puente colgante, suspension bridge.
[2] una mano solícita del bien, a hand solicitous for the general good; a friendly hand.
[3] la vida ... tal como nos la imponen los progresos modernos, life ... as shaped (as thrust upon us) by modern progress.
2.—NUESTRA AMÉRICA
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Rivadavia, el de la[1] corbata siempre blanca, dijo que estos países se salvarían: y estos países se han salvado. No se ha arado en la mar.[2] También nuestra América levanta palacios, y congrega el sobrante útil del universo oprimido; también doma la selva, y le lleva el libro y el periódico, el municipio y el ferrocarril; también nuestra América, con el sol en la frente, surge sobre los desiertos coronada de ciudades. Y al reaparecer en esta crisis de elaboración de nuestros pueblos los elementos que lo constituyeron, el criollo independiente es el que domina y se asegura, no el indio de espuela,[3] marcado de la fusta,[4] que sujeta el estribo, y le pone adentro el pie, para que se vea más alto[5] a su señor.
Pero por eso vivimos aquí, orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla. No vivimos, no,[6] como siervos futuros ni como aldeanos deslumbrados, sino con la determinación y la capacidad de contribuir a que se la estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios: porque las mismas guerras que de pura ignorancia[7] le echan en cara[8] los que no la conocen, son el timbre de honor[9] de nuestros pueblos, que no han vacilado en acelerar con el abono de su sangre el camino del progreso, y pueden ostentar en la frente sus guerras como una corona.