Hacerla con la pompa más honrosa

Unas grandes exequias funerales,

Y susurrar elogios inmortales

De lo ingeniosa que era

En labrar dulce miel y blanda cera.

Con esto se alababan tan ufanos,

Que una abeja les dijo por despique:

—¿No trabajáis más que eso? Pues, hermanos,

Jamás equivaldrá vuestro zumbido

A una gota de miel que yo fabrique.