De los tiernos hijuelos, entre tanto
Que del amado ramo estaua ausente;
Y aquel dolor que siente,
Con diferencia tanta,
Por la dulce garganta
Despide, y a su canto el ayre suena;
Y la callada noche no refrena
Su lamentable oficio y sus querellas,
Trayendo de su pena
El cielo por testigo y las estrellas: