Ai de los que passaron, confiados
En sus cavallos, y en la muchadumbre
De sus carros, en tí, Libia desierta!
Y en su vigor y fuerças engañados,
No alçaron su esperança á aquella cumbre
D’eterna luz; mas con sobervia cierta
S’ofrecieron la incierta
Victoria, y sin bolver á Dios sus ojos,
Con ierto cuello y coraçon ufano,
Solo atendieron siempre á los despojos!