Aqui avran fin los vuestros deseos.
Venit, Arçobispo, dexat los sermones!
DICE EL ARÇOBISPO.
Ay, Muerte cruel, que te merescí!
O porque me llebas tan arrebatado?
Viviendo en deleytes nunca te temí;
Fiando en la vida, quedé engañado.
Mas sy yo bien rrijera mi arçobispado,
De ti non oviera tan fuerte temor,
Mas siempre del mundo fuy amador;