Él la encontró un día llorando y le pregunto:—¿Por qué lloras?

Ella se enjugó los ojos, le miró fijamente, arrojó un suspiro y volvió á llorar.

Pero entonces, acercándose á María, le tomó una mano, apoyó el codo en el pretil árabe desde donde la hermosa miraba pasar la corriente del río, y torno á decirle:—¿Por que lloras?

El Tajo[1] se retorcía gimiendo al pie del mirador[2] entre las rocas sobre que se asienta la ciudad imperial.[3] El sol trasponía los montes vecinos, la niebla de la tarde flotaba como un velo de gasa azul, y solo el monótono ruido del agua interrumpía el alto silencio.

[Footnote 1: El Tajo = 'The Tagus.' "The longest river in the Spanish peninsula.... It rises in the province of Teruel, Spain, in the mountain Muela de San Juan; flows west through New Castile and Estremadura; forms part of the boundary between Spain and Portugal; and empties by two arms into the Bay of Lisbon. The chief city on its banks in Spain is Toledo." Century Dict.]

[Footnote 2: mirador = 'lookout,' a kind of bow in the wall surrounding some of the heights of Toledo.]

[Footnote 3: imperial. Referring probably to the time of the Roman dominion, which, though it lasted some two hundred years, has left in the monuments of Toledo very little evidence of its duration. See p. 50, note 2.]

María exclamó:—No me preguntes por qué lloro, no me lo preguntes; pues ni yo sabré contestarte, ni tú comprenderme. Hay deseos que se ahogan en nuestra alma de mujer, sin que los revele más que un suspiro; ideas locas que cruzan por nuestra imaginación, sin que ose formularlas el labio, fenómenos incomprensibles de nuestra naturaleza misteriosa, que el hombre no puede ni aún concebir. Te lo ruego, no me preguntes la causa de mi dolor; si te la revelase, acaso te arrancaría una carcajada.

Cuando estas palabras expiraron, ella tornó á inclinar la frente, y él á reiterar sus preguntas.

La hermosa, rompiendo al fin su obstinado silencio, dijo á su amante con voz sorda y entrecortada.