“Far, far away from my hearth,” he laments, “meseems I am in a desert.” And he gives his reason.
“Cuando entre vivo rosicler la aurora
Muestra la fresca faz en el Oriente
En vano busco a mi gentil señora,
En vano á la hija que mi alma adora,
Para besarlas ambas en la frente.”[5]
For the Llanero a view of the beauty and grandeur of his surroundings is a call to prayer, as is evinced by the following lines:
“O que prodigios! que beldad! El hombre
Debil se siente y pobre en su presencia.
No hay nada aqui que el corazón no asombre,