Y asi yo por seguir aquesta via,
heme casado con una muger
que es principio y fin del alma mia.
Esta me ha dado luego un nuevo ser,
con tal felicidad que me sostiene
llena la voluntad y el entender.
Esta me hace ver que ella conviene
á mi, y las otras no me convenian;
á esta tengo yo, y ella me tiene.
En mi las otras iban y venian,
y a poder de mudanzas a montones
de mi puro dolor se mantenian.
Eran ya para mi sus galardones
como tesoros por encantamientos,
que luego se volvian en carbones.
Ahora son bienes que en mi siento
firmes, macizos, con verdad fundados,
y sabrosos en todo el sentimiento.
Solian mis placeres dar cuidados
y al tiempo que llegaban a gustarse
ya llegaban a mi casi dañados.
Ahora el bien es bien para gozarse,
y el placer es lo que es, que siempre place,
y el mal ya con el bien no ha de juntarse.
Al satisfecho todo satisface
y asi tambien a mi por lo que he hecho
quanto quiero y deseo se me hace.
el campo que era de batalla el lecho
ya es lecho para mí de paz durable
dos almas hay conformes en un pecho.
La mesa en otro tiempo abominable
y el triste pan que en ella yo comia,
y el vino que bebía lamentable:
infestandome siempre alguna harpia
que en mitad del deleyte mi vianda
con amargos potages envolvia.
Ahora el casto amor acude y manda
que todo se me haga muy sabroso,
andando siempre todo como anda.
De manera, Señor, que aquel reposo
que nunca alcance yo por mi ventura
con mi filosofar triste y penoso,
Una sola muger me le asegura,
y en perfeta sazon me da en las manos
vitoria general de mi tristura.
y aquellos pensamientos mios tan vanos
ella los va borrando con el dedo,
y escribe en lugar de ellos otros sanos.
* * * *
Dejenme estar contento entre mis cosas
comiendo en compañia mansamente
comidas que no sean sospechosas.
Conmigo y mi muger sabrosamente
esté, y alguna vez me pida celos
con tal que me los pida blandamente.
Comamos y bebamos sin recelos
la mesa de muchachos rodeada;
muchachos che nos hagan ser abuelos.
Pasarémos asi nuestra jornada
ahora en la ciudad, ahora en la Aldea,
porque la vida esté mas descansada.
Quando pesada la Ciudad nos sea
irémos al Lugar con la compaña
A donde el importuno no nos vea.
Alli se vivira con menos maña,
y no habrá el hombre tanto guardarse
del malo o del grosero que os engaña.
Alli podrá mejor filosafarse,
con los bueyes y cabras y ovejas
que con los que del vulgo han de tratarse.
Alli no serán malas las consejas
que contarán los simples labradores
viniendo de arrastrar las duras rejas.
¿Será pues malo alli tratar de amores
Viendo que Apolo con su gentileza
Anduvo enamorado entre pastores?
¿ y Venus no se vió en grande estrecheza
por Adonis vagando entre los prados?
según la antigüedad asi lo reza?
¿ y Baco no sintió fuertes cuidados
por la cuitada que quedó durmiendo
en mitad de los montes despoblados?
Las ninas por las aguas pareciendo,
y entre las arboledas las Driadas
se ven con los Faunos rebullendo.
Nosotros seguiremos sus pisadas;
digo yo y mi muger, nos andaremos
tratando alli las cosas namoradas.
A do corra algun rio nos iremos,
y a la sombra de alguna verde haya
a do estemos mejor nos sentaremos.
Tenderme ha alli la alda de su saya
y en regalos de amor habrá porfia
qual de entrambos hará mas alta raya.
El rio correrá por do es su via
nosotros correremos por la nuestra
sin pensar en el noche ni en la dia.
El ruiseñor nos cantara a la diestra
y vendrá sin el cuerbo la paloma
haciendo a su venida alegre muestra.
No tendremos envidia al que está en Roma
ni a los tesoros de los Asianos,
ni a quanto por acá de la India asoma.
Tendrémos nuestros libros en las manos
y no se cansaran de andar contando
los hechos celestiales y mundanos
Virgilio a Eneas estará cantando,
y Homero el corazón de Aquiles fiero,
y el navigar de Ulises rodeando.
Propercio vendrá alli por compañero
el qual dirá con dulces armonias
del arte que a su Cintia amo primero.
Catulo acudirá por otras vias,
y llorando de Lesbia los amores
sus trampas llorará y chocarrerias.
Esto me advertirá de mis dolores—
pero volviendo a mi placer presente
tendrè mis escarmientos por mejores.
Ganancia sacaré del accidente
que otro tiempo mi sentir turbava
trayendome perdido entre la gente.
¿ Que haré de acordarme qual estaba
viendome qual estoy, que estoy seguro
de nunca mas pasar lo que pasaba?
En mi fuerte estaré dentro en mi muro
sin locura de amor ni fantasia
que mi pueda vencer con su conjuro.
Como digo estarè en mi compañia
en todo me hara el camino llano
su alegria mezclando con la mia.
Su mano me dara dentro en mi mano,
y acudirán deleytes y blanduras
de un sano corazón en otro sano.
Los ojos holgarán con las verduras
de los montes y prados que verémos
y con las sombras de las espesuras.
El correr de las aguas oiremos
y su blando venir por las montañas
que a su paso vendrán donde estaremos
El ayre moverá las verdes cañas
y volveran entornes los ganados
balando por llegar á sus cabañas.
En esto ya que el sol por los collados
sus largas sombras andara encumbrando,
enviando reposo a los cansados,
nosotros nos irémos paseando
acia al lugar do está nuestra morada,
en cosas que veremos platicando.
La compaña saldrá regocijáda
a tomarnos entonces con gran fiesta
diciendo a mi muger si está cansada.
Veremos al entrar le mesa puesta,
y todo en buen concepto aparejado
como es uso de casa bien compuesta.
Despues que un poco habremos reposado
sin ver bullir, andar yendo y viniendo,
y a cenar non habremos asentado.
Nuestros mozos vendrán alli trayendo
viandas naturales y gustosas
que nuestro gusto esten todo moviendo.
Frutas pondrán maduras y sabrosas
por nosotros las mas de ellas cogidas,
embueltas en mil flores olorosas.
Las natas por los platas estendidas
acudirán y el blanco requeson,
y otras que dan cabras paridas.
Despues de esto vendrá el tierno lechon
con el conejo gordo, y gazapito,
y aquellos pollos que de pasto son.
vendrá también alli el nuevo cabrito
que a su madre jamas habrá seguido
por el tiempo de tierno y de chiquito.
Despues que todo esto haza venido,
y que nosotros descansadamente
en nuestra cena hayamos bien comido,
pasaremos la noche dulcemente
hasta venir el tiempo que la gana
del dormir toma al hombre comunmente.
Lo que desde este tiempo alla mañana
pasare, pase ahora sin contarse,
pues no cura mi pluma de ser vana:
basta saver que dos que tanto amarse
pudieron, no podran hallar momento
en que puedan dejar siempre de holgarse.
Pero tornando a proseguir el cuento,
nuestro vivir será de vida entera
viviendo en el aldea como cuento.
Tras esto ya que el corazón se quiera
desenfadar con variar la vida
tornando nuevo gusto en su manera,
a la ciudad será nuestra partida
a donde todo nos será placiente
con el nuevo placer de la venida.
Holgarèmos entones con la gente,
y con la novedad de haber llegado
trataremos con todos blandamente.
Y el cumplimiento que es siempre pesado
a lo menos aquel que de ser vano,
no es menos enojoso que escusado;
Alaballe estará muy en la mano,
y decir que por solo el cumplimiento
se conserva en el mundo el trato humano.
Nuestro vivir asi estará contento,
y alcanzaremos mil ratos gozosos
en recompensa de un desabrimiento.
Y aunque a veces no faltan enojos,
todavia entre nuestros conocidos
dulces serán mas y los sabrosos.
Pues ya con los amigos mas queridos
que será el alborozo y el placer
y el bullicio de ser recien venidos.
Que será el nunca hartarnos de nos ver,
y el buscarnos cada hora y cada punto
y el pesar de buscarse sin se ver.
Mosen Dural alli estera muy junto,
haciendo con su trato y su nobleza
sobre nuestro placer el contrapunto.
Y con su buen burlar y su llaneza
no sufrirà un momento tan ruin
que en nuestro gran placer muestre tristeza.
No faltera Geronimo Augustin
con su saber sabroso y agradable,
no menos que en romance en el latin:
el qual con gravidad mansa y tratable
Contando cosa bien por el notadas,
nuestro buen conversar hará durable.
Las burlas andaran por el mezeladas
con las veras asi con tal razon
que unas de otras serán bien ayudadas.
En esto acudira el buen Monleon
con el qual todos mucho holgarèmos,
y nosotros y quantos con el son.
El nos dirá, y nosotros gustaremos,
el reira, y hara que nos riamos,
Y en esto enfadarse ha de quanto harémos.
Otras cosa habrá que las callamos,
porque tan buenas son para hacerse
que pierden el valor si las hablamos.
Pero tiempo es en fin de recogerse,
porque haya mas para otro mensagero,
que si mi cuenta no ha de deshacerse
no será, y os prometo, este el postrero."
[GARCILASO DE LA VEGA]
1503-1536.
A poet of higher merit, a more interesting man, a hero, both in love and war, whose name seems to embody the perfect idea of Spanish chivalry, was Boscan's friend, Garcilaso de la Vega. We possess a translation of his poetry by Mr. Wiffen, who has appended an elaborate life, as elaborate at least as the scanty materials that remain could afford; for these are slight, and rather to be guessed at from slight allusions made by historians, and expressions in his poems, than from certain knowledge; as all that we really learn concerning him is, that he was a gallant soldier and a poet, devoting the leisure he could snatch from the hurry and alarm of war, to the study and composition of poetry, in which art he attained the name of prince, and is, indeed, superior to all the writers of his age in elegance, sweetness, and pathos.
Garcilaso de la Vega was sprung from one of the noblest families of Toledo. His ancestry is illustrious in Spanish chronicles. They were originally natives of the Asturias, and, possessing great wealth, arrived at high honours under various sovereigns. One of them, by name also Garcilaso, received the name of De la Vega, in commemoration of his having slain a gigantic Moor on the Vega or plain of Granada.[14] The miscreant having attached the Ave Maria to his horse's tail, all the knights of Spain were eager to avenge the injury done to our lady. Although a mere youth, Garcilaso triumphed, and was surnamed in consequence De la Vega, and adopted for his device the Ave Maria in a field d'or. The father of the poet, named also Garcilaso, was fourth lord of Los Anos, grand commendary of Leon, a knight of the order of St. James, one of the most distinguished gentlemen of the court of Ferdinand and Isabella. His mother was donna Sancha de Toral, an heiress of a large estate in Leon,—a demesne, it would seem, where the poet passed his earlier days; for the fountain which ornaments it still goes by his name, and is supposed to be described in his second eclogue.[15] These eclogues were written at Naples; it may, therefore, be a piece of fond patriotism in the Spaniard, that attributes this description to a fountain in his native woods; but there is a pleasure in figuring the boy-poet loitering beside its pure waters, and so filling his imagination with images presented by its limpid waves and the surrounding scenery, that, in after years and in a foreign country, he could fondly dwell upon and reproduce them in his verse.
Garcilaso was born at Toledo in 1503, being a few years younger than the emperor Charles V. When, on his accession to the throne, that prince visited the Spain he was called by right of birth to reign over, Garcilaso was only fifteen. We are told, however, that his skill in martial and gymnastic exercises made him early a favourite with his sovereign, and he soon entered on that warlike career destined to prove fatal to him. His poetic tastes, also, were developed while still a youth. He was passionately fond of music, and played with extreme sweetness on the harp and guitar.
The accession of Charles V. was signalised in Spain by disaster. The death of cardinal Ximenes deprived the youthful sovereign of his most illustrious counsellor, though perhaps of one he would have neglected. His Flemish courtiers attained undue influence, and a nefarious system of peculation was carried on,—the treasures of Spain being exported to Flanders, which the Spaniards regarded with alarm and indignation. The election of Charles to the imperial crown and his intended departure for Germany was the signal of resistance. This is the more deserving of commemoration in these pages, as the elder brother of Garcilaso took a distinguished part on the popular side.[16] He was candidate for the distinction of captain-general of the Germanada or Brotherhood (an association, at first sanctioned by Charles, for the purpose of maintaining the privileges of the people), and even elected such, till a popular revolt reversed his nomination in favour of the heroic Padilla. Not less heroic, however, was don Pedro, and in the cortes he boldly confronted the king, and declared that he would sooner be cut in pieces, sooner lose his head, than yield the good of his country to the sovereign's arbitrary will. Of such gallant stuff was the Spanish courtier made, till Charles's wars drained the country of her most valiant spirits, and the cruel share of the Inquisition ploughed up, and as it were sowed with salt, the soil, originally so fertile in genius and heroism. Don Pedro remained true to his cause to the last, though he did not carry his views so far as Padilla; and thus escaped the martyrdom of this generous patriot. The conduct of Charles in publishing a general pardon, on his return to Spain, is among the few instances he has given of magnanimity. His reply to a courtier who offered to inform him where one of the rebels lay concealed, deserves repetition from the grandeur of soul it expressed. "I have now no reason," he said, "to be afraid of that man, but he has cause to shun me; you would do better, therefore, in telling him that I am here, than in informing me of the place of his retreat."
War being soon after declared against France, Italy became the seat of the struggle. Garcilaso, though little more than eighteen, commenced his career of arms in this campaign. He was present at the battle of Pavia, and so distinguished himself, that he shortly after received the cross of St. Jago from the emperor in reward of his valour.
It would appear, that after this battle Garcilaso returned for a time to his native country. Since it was soon after, that Boscan, falling in with Andrea Navagero, ambassador from Venice to the Spanish court, in 1525, resolved on imitating the Italian poetry—as is recorded in his life,—and Garcilaso was his adviser and supporter. At the age of four-and-twenty, in the year 1528, he married Doña Elena de Zuniga, a lady of Arragon, maid of honour to Leonora, queen of France,—a happy marriage—from which sprung three sons.