[156] De Civitate Dei, lib. xvi, cap. 9. Above I have availed myself of the admirable translation by Rev. Marcus Dods, vol. ii, p. 118. Edinburgh, 1871. On the subject of Antipodes we may refer the reader to the view of Cosmas Indicopleustes, an Egyptian of the middle of the 6th century. See Draper’s Conflict between Religion and Science, p. 65, and the opinion of the Venerable Bede, cited by the same author. See further Bancroft’s Native Races of the Pacific States, vol. v, pp. 1–8, and Ogilby’s America, pp. 6–7.

[157] R. H. Major’s Prince Henry of Portugal, chap. xxi. London, 1868, 8vo. Draper’s Conflict, pp. 163–5.

[158] The narrowness of the attainments of the “educated” in Spain in the 17th century is portrayed by Buckle: “Books, unless they were books of devotion, were deemed utterly useless; no one consulted them, no one collected them; and until the 18th century, Madrid did not possess a single public library. * * * De Torres, who was himself a Spaniard, and was educated at Salamanca early in the 18th century, declares that he had studied in the university for five years before he had heard that such things as the mathematical sciences existed. So late as the year 1771, the same university publicly refused to allow the discoveries of Newton to be taught; and assigned as a reason, that the system of Newton was not so consonant with revealed religion as the system of Aristotle.”—History of Civilization in England, vol. ii, pp. 72–3. New York, 1861. Of course these remarks apply to Spain’s period of misfortune and decline, but it must also be remembered that the spirit of intolerance which alone brought about that condition was at its height about the time of the discovery of America.

[159] Mr. Bancroft has illustrated the spirit of this latter class by quoting a passage from Garcia’s Origen de Los Indios, Madrid, 1729, p. 248. It is certainly one of the most venomous and narrow-minded utterances on record. See Bancroft’s Native Races, vol. v, p. 4.

[160] Historia Antigua de la Nueva España con Noticias de los Ritos y Costumbres de los Indios y Explicacion del Calendario Mexicano, por F. Diego Duran, Escrita en el año de 1585; MS. in three vols. folio of upwards of 1000 pp. each. On p. 507, tom. iii, we find notice of December, 1579, as the date at which that stage of the work was reached. Copy in the library of Congress at Washington. From Beristain’s Biblioteca Hispano-Americana, Septentrional, tom. i, p. 442, Mexico, 1816, we quote the following: “Duran (F. Diego) á quien el Illmõ. Eguara, p. 324, de su Biblioteca dá equivocadamente el nombre de Pedro, y á quien el Jesuita Clavigero llama Fernando con igual equivocacion. Fué natural de Tezcuco, antigua corte de los Emperadores Megicanos: y Profeso el Orden de Santo Domingo, en el Convento Imperial de Megico, á 8 de Margo de 1556. Era varon Docto en Theología, y de vasta erudicion en la historia antigua de los Indios; pero molestado de enfermedades en sus años ultimos, no pudo dar á luz publica los bellos libros, que tenia compuestos, los mas amenos y gustosos, que hasta entonces se habian escrito sobre las cosas de Indias, como se explica el Illmõ. Dáila Padilla, y repetieron despues los criticos franceses Querif y Echard. El referido Arzo-Bispo añade, que el P. Juan de Torar, Jesuita Megicano, en cuyo poder paraban los manuscritos de su paisano Duran, se los dió al P. José de Acosta á quien servieron mucho para su Historia Natural y Moral de las Indias, en lo qual convienen Pinelo y D. Nicolás Antonio. Los dichos MSS. eran:” Historia de los Indios de la N. E. Antigüallas de los Indios de la N. E.

[161] “Cuanto á lo primero tendremos por principal fundamento el ser esta Nacion y Gente Indiana advenediza de estrañas y remotas regeiones, y que en su venida á poseer esta Tierra hizo un largo y prolijo camino, en el cual gastó muchos meses y años para llegar á ella, como de su relacion y pinturas se colige, y como de algunos viejos ancianos de muchos dias he procurado saber para sacar esta opinion en limpio; y dado caso que algunos cuenten algunas falsas fabulas conviene á saber, que nacieron de unas fuentes y manantiales de agua; otros, que nacieron de unas cuebas; otros, que su generacion es de los Dioses; lo cual clara y abiertamente se ve ser fabula, y que ellos mismos ignoran su origen y principio, dado caso que siempre confiessan havre venido de tierras; y asi lo he hallado pintado en sus antiguas pinturas, donde señalan grandes trabajos de hambre, sed, y desnudez, con otras innumerables afliciones que en él pasáron hasta llegar a esta tierra y poblada; con lo cual confirmo mi opinion y sospecha de que estos Naturales sean de aquellas diez Tribus de Isrrael que Salmanasar, Rey de los Asirios cautivó y transmigró de Asiria en tiempo de Ozeas, Rey de Isrrael, y en tiempo de Ozequias, Rey de Jerusalem, como se prodra ver en el cuarto Libro de los Reyes, capitulo diez y siete, donde dice que fue transladado Isrrael de su tierra á los Asirios hasta el dia de hoy, etc.; de las cuales dice Esdras en el Libro cuarto, capitulo trece, que se pasaron á vivir á una tierra remota y apartada que nunca habia sido habitada; á la cual habia largo y prolijo camino de año y medio, donde agora se hallan estas Gentes de todas las Islas y Tierra firma del mar oceano hacia la parte de occidente.”—Historia Antigua de la Nueva España, tom. i., pp. 1–2, MS.

[162] London, small quarto, 1650; we have both this and the edition of 1660 before us.

[163] Harmon L’Estrange, Kt., Americans No Jewes; or Improbabilities that the Americans are of that Race, p. 4. 1652; quarto, London.

[164] Id., p. 13.

[165] “De suerte que aviendose conservado este nombre Piru, que es lo mismo que Ophir, en aquellas tierras, y hallandose que los moradores dellas parecen a los Hebreos en muchas cosas, bien se signe que a quellos Indios, y los demas proceden de Ophir nieto de Heber de quien los Hebreos, y su lengua tomaron el nombre. Tambien se halla el nombre de Iectan padre de Ophir en la provincia que oy se llama Yucatan, en la Nueva España, que no es pequeño fundemento para provar que ya que no pusiesse aquel nombre Iectan, por no haver ido a aquella tierra, pudo ser que lo diesse su hijo Ophir.”—Origen de los Indios, p. 323. Ed., Valencia, 1607.