Quien haya sentido quererse del pecho

Saltar a pedazos roto el corazón,

Crecer su delirio, crecer su despecho,

Al cuello cien nudos echarle el dolor,

Ponzoñoso lago de punzante hielo,

Sus lágrimas tristes que cuajó el pesar,

Reventando ahogarle, sin hallar consuelo,

Ni esperanza nunca, ni tregua en su afán.

Aquél, de la blanca fantasma el gemido,

Única respuesta que a Don Félix dió,