Contando que me mató.»
Diciendo así, soltó una carcajada,
Y las espaldas con desdén volvió;
Se hizo el bigote, requirió la espada,
Y a la devota dama se acercó.
«Conque, en fin, ¿dónde vivís?
Que se hace tarde, señora.
—Tarde, aun no; de aquí a una hora
Lo será.—Verdad decís,