Que la mente del hombre no alcanza
En su rápido curso a seguir,
Los espectros su ronda empezaron,
Cual en círculos raudos el viento
Remolinos de polvo violento
Y hojas secas agita sin fin.
Y elevando sus áridas manos,
Resonando cual lúgubre eco,
Levantóse en su cóncavo hueco
Semejante a un aullido una voz