Y huyó la noche y con la noche huían

Sus sombras y quiméricas mujeres,

Y a su silencio y calma sucedían

El bullicio y rumor de los talleres;

Y a su trabajo y a su afán volvían

Los hombres y a sus frívolos placeres,

Algunos hoy volviendo a su faena.

De zozobra y temor el alma llena;

¡Que era pública voz, que llanto arranca

Del pecho pecador y empedernido,