Que del barro al espíritu desprende,

Agreste, vago y solitario encanto,

Que en inefable amor el alma enciende,

Volando tras la imagen peregrina

El corazón de su ilusión divina.

Yo, desterrado en extranjera playa,

Con los ojos, extático seguía

La nave audaz que argentada raya

Volaba al puerto de la patria mía;

Yo cuando en Occidente el sol desmaya,