Tus hijos ¡ay! en tu postrer momento,

A otra mujer tal vez acariciando,

Madre tal vez a otra mujer llamando,

Si el cuadro de tus breves glorias viste

Pasar como fantástica quimera,

Y si la voz de tu conciencia oíste

Dentro de ti gritándote severa,

Si, en fin, entonces tú llorar quisiste,

Y no brotó una lágrima siquiera

Tu seco corazón, y a Dios llamaste,