DOÑA MATILDE. ¡De veras? ¿Será posible que me quiera ver?
BRUNO. Si estaba desde anoche como si tuviera hormiguillo … y aunque no descosía sus labios, se le conocía a la legua que … pero voy a abrirle.
DOÑA MATILDE. Sí, corre, despáchate, ¿adonde vas? por allí está la escalera.
BRUNO. No hay necesidad de que yo baje … que su merced se quedó de centinela en la puerta principal de los Basilios, y así con una seña que yo le haga desde aquella ventana con el pañuelo….
DOÑA MATILDE. Con el pañuelo no, que quizá no lo advierta … toma esta sábana….
BRUNO. Venga. (Vanse los dos a la ventana)
ESCENA X
DON EDUARDO Y DICHOS
DON EDUARDO. Apretemos otro poco el tornillo. (Al salir y aparte) ¡Maldito sea el primer escribano que pisó los consejos! ¡Negarme a mí la miseria de cien reales! (Sale ahora, tira el sombrero, y se pasea como muy agitado) Es una infamia.
DOÑA MATILDE. Válgame Dios, ¡qué es esto!… ¿qué te ha sucedido?
(Quitándose de la ventana)