[Footnote 1: 'Belong to first-rate comedy.']

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Después de haber tributado el debido homenaje de elogios que de nuestra pluma reclamaba imperiosamente la divertida comedia del señor Gorostiza ¿nos será permitido indicar algunos de los defectos de que rara obra humana consigue verse completamente purgada? ¿Se dirá que nos ensangrentamos, que somos parciales, si ponemos al lado del elogio el grito de nuestra conciencia literaria? Quisiéramos equivocarnos, pero el carácter de la protagonista nos parece por lo menos llevado a un punto de exageración tal, que sería imposible hallar en el mundo un original siquiera que se le aproximase. Estas niñas románticas, cuya cabeza ha podido exaltar la lectura de novelas, no reparan en clases ni en dinero; éste podrá ser su yerro; enamóranse de un hombre sin preguntarle quién es; ésta es su imprudencia: si sale pobre, verdad es, nada les arredra, y en las aras del amor sacrifican su porvenir; mas si sale rico, como ya están enamoradas, por esta sola circunstancia no se desenamoran. Por la misma razón, si tratan de escaparse, y no tienen otro recurso, se arrojan por una ventana; mas si tienen la puerta franca, aquel paso ya no es ni medio verosímil. Esta exageración hace aparecer a Matilde loca las más veces; quiere ser el don Quijote de las novelas. Pero acordémonos de que Cervantes para huir de la inverosimilitud que de la exageración debía resultar, hizo loco realmente y enfermo a su héroe, y una enfermedad no es un carácter. Si la comedia pedía un carácter, era preciso no haber pasado los límites de la verosimilitud, pues pasándolos, Matilde no resulta enamorada sino maniática; por eso en varias ocasiones parece que ella misma se burla de sus desatinos: lo mismo hubiera sucedido con don Quijote si no nos hubiera dicho Cervantes desde el principio: "Miren ustedes que está loco." Peca además el plan por donde los más del mismo poeta:[1] ya en otra ocasión hemos dicho[2] que estos planes en que varios personajes fingen una intriga para escarmiento de otro, son incompletos y conspiran contra la convicción, que debe ser el resultado del arte.

[Footnote 1: As Larra indicates, the element of intrigue, each time worked out in a different fashion, is plainly seen in practically all of Gorostiza's plays. In "Indulgencia para Todos" the hero, whose only fault is his perfection and his consequent intolerance of the failings of others, by the intriguing of his hosts is tempted and falls and is led to crave pardon for his own shortcomings and for those of his hosts who have sinned against the laws of hospitality. In "Don Dieguito" the hero is taught the needed lesson of his own insignificance, since his wealthy uncle by a clever ruse causes the young man to see that the adulation that he has accepted as his due is in reality given by self-interested schemers who hope to profit by his vanity and gullibility. In "Las Costumbres de Antaño" the old gentleman constantly bewailing the departure of the good old days is caught asleep. By maneuvering, he is visited with such horrible dreams of the past that he is glad to awake to the conditions of a later generation.]

[Footnote 2: A reference to one of Larra's numerous other dramatic criticisms.]

En Moliere y en Moratín no se encuentra un solo plan de esta especie: el poeta cómico no debe hacer hipótesis; debe sorprender y retratar a la naturaleza tal cual es; esta comedia hubiera requerido una mujer realmente enamorada, y que realmente hubiera hecho una locura, como en el Viejo y la Niña[1] sucede; verdad es que entonces no hubiera podido ser dichoso el desenlace, y acaso habrá huido de esto el señor Gorostiza; éste era defecto del asunto, así como lo es también la aglomeración en horas de tantas cosas distintas, importantes, y regularmente más apartadas entre sí en el discurso de la vida.

[Footnote 1: In Moratin's play the niña has married the old man after a designing relative has assured her that her youthful lover has married someone else. This rash act is doubtless the locura to which Larra refers. As a virtuous wife she first dismisses the young man, and when in her weakness she recalls him she is forced to treat him with indifference and coldness, since she knows that her husband is overhearing their conversation. Goaded to desperation, the young woman finally enters a convent.]

Si Matilde no se ha de casar más de una vez con Eduardo, si esa vez que se ha casado no ha hecho realmente locura alguna, supuesto que Eduardo es rico, ¿de qué puede servirle el escarmiento y el ver lo que le hubiera sucedido si hubiera hecho lo que no ha hecho?—A ella no, nos contestarán,—a los demás que ven la comedia.—Tampoco, responderemos,—porque las que crean en novelas al pie de la letra, creerán al pie de la letra en la comedia, que es otra nueva novela para ellas; en la novela leen que aquél que se presentó incógnito se descubre ser luego hijo de algún señorón oculto, y en la comedia se descubre ser rico luego el pobre. Se enamorarán pues, sin cuidado, seguras de que hacia el fin de su boda se ha de descubrir la riqueza del marido, así como creían que debían salir por la ventana por decirlo las novelas.

A pesar de estas observaciones, que no podemos menos de hacer, nos complacemos en repetir que es mayor la suma de las bellezas que la de los defectos de la comedia. El señor de Gorostiza ha adquirido un nuevo laurel, y nosotros quisiéramos que la obligación de periodista se limitara a alabar: mucho nos daría que hacer aun en este caso esta composición dramática.

En cuanto a la representación, podemos asegurar que no nos acordamos de haber visto en Madrid nada mejor desempeñado en este género.