05 «Los hombres que roban la casa del que está en la guerra o
en el destierro viven bajo la maldición de Alah y de Mahoma,
y mueren roídos de escarabajos y cucarachas.

«¡Bendito sea, pues, Alah, que crió estos y otros bichos para
que se coman[[91-1]] a los hombres malos!

10 «Yo soy el caid Hassan-ben-Jussef, siervo de Alah, aunque
malamente he sido llamado D. Rodrigo de Acuña por los sucesores
de los perros cristianos que, haciéndoles fuerza y violando
solemnes capitulaciones, bautizaron con una escoba, a guisa de
hisopo, a mis infortunados ascendientes y a otros muchos islamitas
15 de estos reinos.

«Yo soy capitán bajo el estandarte del que, desde la muerte
de Aben-Humeya,[[91-2]] titúlase legítimamente rey de los andaluces,
Muley-Abdalá-Mahamud-Aben-Aboó, el cual, si no está ya sentado
en el trono de Granada, es por la traición y cobardía con
20 que los moros valencianos han faltado a sus compromisos y juramentos,
dejando de alzarse al mismo tiempo que los moros
granadinos contra el tirano común; pero de Alah recibirán el
pago, y, si somos vencidos nosotros, vencidos serán también
ellos y expulsados a la postre de España, sin el mérito de haber
luchado hasta última hora en el campo del honor y en defensa
25 de la justicia; y, si somos vencedores, les cortaremos el pescuezo
y echaremos sus cabezas a los marranos.

«Yo soy, en fin, el dueño de esta Torre y de toda la tierra
que hay a su alrededor, hasta llegar por Occidente al barranco
30 del Zorro y por Oriente al de los Espárragos, el cual debe tal
nombre a los muchos y muy exquisitos que cultivó allí mi abuelo
Sidi-Jussef-ben-Jussuf.

«La cosa no anda bien. Desde que el mal nacido D. Juan
de Austria[[91-3]] (confúndalo Alah) vino a combatir contra os(p92)
creyentes, prevemos que por ahora vamos a ser derrotados, sin perjuicio
de que,[[92-1]] andando los años[[92-2]] o las centurias, otro Príncipe
de la sangre del Profeta venga a recobrar el trono de Granada,
que ha pertenecido setecientos[[92-3]] años a los moros, y volverá a
05 pertenecerles[[92-4]] cuando Alah quiera, con el mismo título con que
lo poseyeron antes vándalos y godos, y antes los romanos, y
antes aquellos otros africanos que se llamaban los cartagineses:[[92-5]]
¡con el título de la conquista! Pero conozco, vuelvo a decir,
que por la presente[[92-6]] la cosa anda mal, y que muy pronto tendré
10 que trasladarme a Marruecos con mis cuarenta y tres hijos,
suponiendo que[[92-7]] los austriacos no me cojan en la primera batalla
y me cuelguen de un alcornoque, como yo los colgaría a
todos ellos si pudiera.

«Pues bien: al salir de esta Torre para emprender la última
15 y decisiva campaña dejo escondidos aquí, en sitio a que no
podrá llegar nadie sin topar primero con el presente manuscrito,
todo mi oro, toda mi plata, todas mis perlas; el tesoro de mi
familia; la hacienda de mis padres, mía y de mis herederos; el
caudal de que soy dueño y señor por ley divina y humana, como
20 es del ave la pluma que cría, o como son del niño los dientes que
echa con trabajo, o como son de cada mortal los malos humores
de cáncer o de lepra que hereda de sus padres.

«¡Detente, por tanto, oh tú, moro, cristiano o judío que, habiéndote
puesto a derribar esta mi casa, has llegado a descubrir
25 y leer los renglones que estoy escribiendo! ¡Detente, y respeta
el arca de tu prójimo![[92-8]] ¡No pongas la mano en su caudal!
¡No te apoderes de lo ajeno! Aquí no hay nada del
fisco, nada de dominio público, nada del Estado. El oro de
las minas podrá pertenecer a quien lo descubra, y una parte de
30 él al Rey del territorio. Pero el oro fundido y acuñado, el
dinero, la moneda, es de su dueño, y nada más que[[92-9]] de su dueño.
¡No me robes, pues, mal hombre! ¡No robes a mis descendientes,
que ya vendrán, el día que esté escrito,[[92-10]] a recoger su
herencia! Y si es que buenamente, por casualidad, encuentras(p93)
mi tesoro, te aconsejo que publiques edictos, llamando y notificando
el caso a los causa-habientes de Hassan-ben-Jussef; que
no es de hombres honestos[[93-1]] guardarse los hallazgos cuando estos
hallazgos tienen propietario conocido.

05 «Si así no lo hicieres, ¡maldito seas,[[93-2]] con la maldición de Alah
y con la mía! ¡Y pártate un rayo! ¡Y quiera Dios que cada
una de mis monedas se vuelva en tus manos un escorpión, y
cada perla un alacrán! ¡Y que mueran de lepra tus hijos, con
los dedos podridos y deshechos, para que no tengan ni tan siquiera[[93-3]]
10 el placer de rascarse! ¡Y que tu hija la mayor se escape
de tu casa con un judío! ¡Y que a ti te metan un palo
por el cuerpo, y te saquen asi a la vergüenza, teniéndote en
alto hasta que, con el peso de tu cuerpo, el palo salga por
encima de la coronilla y quedes patiabierto en el suelo, como
15 indecente rana atravesada por un asador!

«Ya lo sabes, y sépanlo todos, y bendito sea Alah, que es
Alah.