XI

¡Me he engañado miserablemente!

Creía hallarme en la primavera; esperaba ver el sol; contaba
con que habrían transcurrido cuatro o cinco meses...,
¡y me hallo con el invierno, y es de noche, y estamos en Enero,
10 a juzgar por la disposición de las estrellas!...

¡Aun no ha mediado mi sufrimiento, cuando yo no podía
sufrir ya más!...—¿Qué va a ser de mí?

He allí la luna en el cénit obscuro del firmamento....

Parece una blanca paloma venida de otros horizontes a visitar
15 un mundo olvidado por el Criador....

¡Doloroso espectáculo!

Por donde quiera que miro, veo sólo un interminable páramo,
una soledad sin límites....

El mar helado, y cubierto además de nieve, no se diferencia
20 de la tierra.

Los elementos se confunden aquí como las horas de mi ocio.