Sólo entonces comprendieron los vecinos del Padrón que el
10 boticario estaba también envenenado.

Vierais[[42-2]] entonces un cuadro tan sublime como espantoso.—Varias
mujeres, sentadas en el suelo, sostenían en sus faldas y en
sus brazos al expirante patriota, siendo las primeras en colmarlo
de caricias y bendiciones, como antes fueron las primeras en
15 pedir su muerte.—Los hombres habían cogido todas las luces
de la mesa, y alumbraban arrodillados aquel grupo de patriotismo
y caridad....—Quedaban, finalmente, en la sombra
veinte muertos o moribundos, de los cuales algunos iban desplomándose
contra el suelo con pavorosa pesantez.

20 Y a cada suspiro de muerte que se oía, a cada francés que
venía a tierra, una sonrisa gloriosa iluminaba la faz de García
de Paredes
, el cual de allí a poco devolvió su espíritu al cielo,
bendecido por un Ministro del Señor y llorado de sus hermanos
en la Patria.

Madrid, 1856.

(p43)

¡VIVA EL PAPA!

I

El tierno episodio que voy a referir es rigurosamente histórico,
como los anteriores y como los siguientes; pero no ya sólo
por la materia, sino también por la forma.—Vivo está quien lo
cuenta, como suele decirse..., y entiéndase que quien le
05 cuenta no soy yo; es un Capitán retirado que dejó el servicio
en 1814.

Hoy no soy escritor; soy mero amanuense: no os pido, pues,
admiración ni indulgencia, sino que me creáis a puño cerrado.[[43-1]]