25 —Hace V. bien en interrumpirme, Capitán; porque yo he
terminado, y el resto queremos oírlo de labios de V....

—Pues voy allá,[[50-5]] señores míos.

Íbamos diciendo que Pío VII y el cardenal Pacca (¡mucho
me alegro de haber llegado a saber su nombre!) estaban sentados
30 en el portal de la casa de postas; que el pueblo se había
agrupado en la calle; que los gendarmes le impedían el paso,(p51)
y que nosotros los españoles conseguimos acercarnos tanto a la
puerta, que veíamos perfectamente a los dos augustos
sacerdotes.

Pío VII fijó casualmente la vista en nosotros, y sin duda
05 conoció, por nuestros raros y destrozados uniformes, que también
éramos extranjeros y cautivos de Napoleón.... Ello
fué[[51-1]] que, después de decir algunas palabras al Cardenal, clavó
en nosotros una larga y expresiva mirada.

10 En esto sonó allí cerca un fandango, divinamente tocado y
cantado por los tres compañeros nuestros, que volvían ya con
las boletas para alojarnos....

Creo haberos dicho que habíamos comprado dos guitarras
antes de abandonar a Cataluña;[[51-2]] y si se me ha olvidado[[51-3]] decíroslo,
os lo digo ahora.

15 Al oír aquel toque y la copla que le siguió, el Papa levantó
otra vez la cabeza, y nos miró con mayor interés y ternura.

El italiano, el músico, había reconocido el canto.

¡Ya sabía que éramos españoles!

Ser español, significaba en aquel tiempo mucho más que
20 ahora. Significaba ser vencedor del Capitán del siglo; ser soldado
de Bailén y Zaragoza;[[51-4]] ser defensor de la historia, de la
tradición, de la fe antigua; mantenedor de la independencia
de las naciones; paladín[[51-5]] de Cristo; cruzado[[51-6]] de la libertad.
—En esto último nos engañábamos.... Pero ¡cómo ha
25 de ser!—¿Quién había de adivinar entonces, al defender a
D. Fernando VII[[51-7]] contra los franceses, que él mismo los llamaría
al cabo de catorce años y los traería a España en contra nuestra,[[51-8]]
como sucedió en 1823?...—En fin; no quiero hablar...,
¡pues hay cosas que todavía me encienden la sangre!