el cristal de la fuente que corria,
el arroyo que à solas murmurava,
El viento que en las hojas se movia,
el Aura que en las flores respirava;
todo era amor’; què mucho, si en tal calma
aves, fuentes, y flores tienen alma!
No has visto providente y oficiosa,
mover el ayre iluminada aveja,
que hasta beber la purpura a la rosa
ya se acerca cobarde, y ya se alexa?