Thou, Calpe, sawest their coming: ancient Rock
Renown’d, no longer now shalt thou be call’d
From Gods and Heroes of the years of yore,
Kronos, or hundred-handed Briareus,
Bacchus or Hercules; but doom’d to bear
The name of thy new conqueror.—[I. p. 2.]
Gibel-al-Tarif, the mountain Tarif, is the received etymology of Gibraltar: Ben Hazel, a Granadan Moor, says expressly, that the mountain derived its name from this general. Its former appellations may be seen in the Historia de Gibraltar, by Don Ignacio Lopez de Ayala. The derivation of the word Calpe is not known: Florian de Ocampo identifies it with the English word golloping, in a passage which may amuse the Spanish scholar. “La segunda nombradia fue llamarle Calpe, cuya razon, segun dicen algunos, procedio de que los Andaluces ancianos en su lengua vieja solian llamar Calepas y Calpes a qualesquier cosas enhiestas y levantadas, agora fuesen peñascos, o pizarras, o maderos, o piedras menores, como lo significamos en los diez y ocho capitulos precedentes: y dicen que con estar alli junto de Gibraltar sobre sus marinas el risco, que ya dixe muy encumbrado y enhiesto, qual hoy dia parece, lo llamaban Calpes aquellos Andaluces pasados: y por su respecto la mesma poblacion vino tambien a tener despues aquel proprio nombre. No faltan otras personas que siguiendo las Escrituras Griegas pongan esta razon del nombre Calpes mucho diversamente, diciendo, que quando los cosarios Argonautas desembarcaron en España, cerca del estrecho, segun ya lo declaramos, el tiempo que hacian sus exercicios arriba dichos, de saltos y luchas, y musicas acordadas, bien asi como los pastores Españoles comarcanos recibian contentamientos grande, mirado las tales desenvolturas y ligerezas, no menos aquellos Griegos recien venidos notaban algunos juegos, dudo que trabajosos y dificiles, que los mesmos pastores obraban entre si para su recreacion y deporte; particularmente consideraran un regocijo de caballos, donde ciertos dias aplazados venian todos a se juntar como para cosa de gran pundonor.
“El qual regocijo hacian desta manera. Tomaban yeguas en pelo, quanto mas corredoras y ligeras podian haber, y puestos ellos encima desnudos sin alguna ropa, ataban en las quixadas barbicachos de rama, torcidos y majados a manera de freno, con que salian del puesto dos a dos a la par corriendo lo mas que sus yeguas podian, para llegar a cierta senal de pizarras enhiestas o de maderos hincados y levantados en fin de la carrera. Venidos al medio trecho de su corrida saltaban de las yeguas en tierra, no las parando ni deteniendo: y asi trabados por el barbicacho, corrian tambien ellos á pie, sin las dexar, puesto que mas furia llevasen: porque si las dexaban ó se desprendian dellas, y no sustentaban el freno continuamente, hasta ser pasada la carrera, perdian la reputation y las apuestas, quedando tan amenguados y vencidos, quanto quedaria triunfante quien primero llegase con su yegua para tomar la presa que tenian en el fin de la carrera sobre las pizarras o maderos hincados. Quando saltaban de sus yeguas, dicen que les iban hablando porque no se detuviesen, voceandoles y diciendoles a menudo palabras animosos y dulces: llamabanles pies hermosas, generosas en el correr, casta real, hembras preciosas, acrecentadoras de sus honras, y mas otras razones muchas con que las tenian vezadas, a no se parar ni perder el impetu comenzado: de manera que los tropeles en este punto, los pundonores y regocijos de correr, y de no mostrar floxedad era cosa mucho de notar, asi por la parte de los hombres, como por parte de las yeguas. A los Griegos Argonautas les parecio juego tan varonil que muchas veces lo probaron tambien ellos a revuelta de los Espanoles, como quiera que jamas pudieron tener aquella vigilancia ni ligereza, ni reciura que tenian estos otros para durar con sus yeguas. Y dado que las tales yeguas corriesen harto furiosas, y les ensenasen muchos dias antes a seguir estas parejas, quanto mejor entendian a la verdad, ni las de los unos, ni las de los otros corrian tanto despues que saltaban dellas, como quando los traian encima: y asi las palabras que los Griegos en aquella sazon puestos a pie hablaban eran tambien al mesmo proposito conformes a las de los Andaluces Españoles en su lengua, provincial, nombrandolas Calopes, Calopes, Calopes a la contina, que fue palabra Griega, compuesta de dos vocablos: uno Calos, que significa cosa hermosa, ligera y agraciada: otro Pus, que quiere decir pie, como que las llamasen pies agraciados, o pies desenvueltos y ligeros: y por abreviar mas el vocablo, para que sus yeguas lo pudiesen mas presto sentir, acortabanlo con una letra menos en el medio, y en lugar de nombrarlas Calopes, les deciam Calpes, que significa lo mesmo Calopes: la qual palabra me parece dura todavia hasta nuestro siglo presente, donde pocas letras mudadas, por decir Calopes o Calpes, lo pronunciamos Galopes, quando los caballos y yeguas, o qualesquier otros animales, no corren a todo poder sino trote largo seguido. Vino desto que las mesmas fiestas y manera del juego se nombraron Calpes: dado que para conmigo bastara saber la victoria deste juego consistir en ligereza de pies, y por eso solo deberse llamar Calopes a Calpe, sin anadir lo que hablaban a las yeguas, pues aquello primero comprehende bastantemente la razon deste vocablo. Pero si todavia fue cierto que les decian aquellas palabras quando corrian sus parejas, ninguna cosa daña dexarlas aquí puestas.”—Coronica General de Espana, c. 38.
Famine and Pestilence had wasted them.—[I. p. 3.]