DOÑA LAURA. Anda con Dios. Mirando hacia los árboles de la derecha. Ya están llegando los tunantes. ¡Cómo me han cogido la hora!…[151] Se levanta, va hacia la derecha y arroja adentro, en tres puñaditos, las migas de pan. Éstas, para los más atrevidos… Éstas, para los más glotones… Y éstas, para los más granujas, que son los más chicos… Je… Vuelve a su banco y desde él observa complacida el festín de los pájaros. Pero, hombre, que siempre has de bajar tú el primero. Porque eres el mismo: te conozco. Cabeza gorda, boqueras grandes… Igual a mi administrador. Ya baja otro. Y otro. Ahora dos juntos. Ahora tres. Ese chico va a llegar hasta aquí. Bien; muy bien: aquél coge su miga y se va a una rama a comérsela. Es un filósofo. Pero ¡qué nube! ¿De dónde salen tantos? Se conoce que ha corrido la voz… Je, je… Gorrión habrá que venga[152] desde la Guindalera. Je, je… Vaya, no pelearse,[153] que hay para todos. Mañana traigo más.
Salen DON GONZALO y JUANITO por la izquierda del foro. Don Gonzalo es un viejo contemporáneo de doña Laura, un poco cascarrabias. Al andar arrastra los pies. Viene de mal temple, del brazo de Juanito, su criado.
DON GONZALO. Vagos, más que vagos… Más valía que estuvieran diciendo misa…
JUANITO. Aquí se puede usted sentar: no hay más que una señora.
Doña Laura vuelve la cabeza y escucha el diálogo.
DON GONZALO. No me da la gana, Juanito. Yo quiero un banco solo.
JUANITO. ¡Si no lo hay!
DON GONZALO. ¡Es que aquél es mío!
JUANITO. Pero si se han sentado tres curas…[154]
DON GONZALO. ¡Pues que se levanten!… ¿Se levantan, Juanito?