DON GONZALO. Juanito, en cambio… ¿Dónde estará Juanito? Se habrá engolfado con alguna niñera. Mirando hacia la derecha primero, y haciendo señas como doña Laura después. Diablo de muchacho…
DOÑA LAURA. Contemplando al viejo. (No… no me descubro… Estoy hecha una estantigua… Vale más que recuerde siempre a la niña de los ojos negros, que le arrojaba las flores cuando él pasaba por la veredilla de los rosales…)
JUANITO sale por la derecha y PETRA por la izquierda. Petra trae un manojo de violetas.
DOÑA LAURA. Vamos, mujer; creí que no llegabas nunca.
DON GONZALO. Pero, Juanito, ¡por Dios! que son las tantas…
PETRA. Estas violetas me ha dado mi novio para usted.
DOÑA LAURA. Mira qué fino… Las agradezco mucho… Al cogerlas se le caen dos o tres al suelo. Son muy hermosas…
DON GONZALO. Despidiéndose. Pues, señora mía, yo he tenido un honor muy grande… un placer inmenso…
DOÑA LAURA. Lo mismo. Y yo una verdadera satisfacción…
DON GONZALO. ¿Hasta mañana?