que la verdad te diría.

—Yo te agradezco, Abenámar

aquesa tu cortesía.

¿Qué castillos son aquéllos?

¡Altos son y relucían!

—El Alhambra era, señor,

y la otra la mezquita;

los otros los Alixares,

labrados á maravilla.

El moro que los labraba