arriba los hace andar,
las aves que andan volando
nel mástel las faz posar.
Allí fabló el conde Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
—Por Dios te ruego, marinero,
dígasme ora ese cantar.—
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fué á dar:
—Yo no digo esta canción