¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,

Pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

Si de mi ingratitud el hielo frío

Secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:

«Alma, asómate agora á la ventana;

Verás con cuánto amor llamar porfía!»

Y ¡cuántas, hermosura soberana,

«Mañana le abriremos,» respondía!

Para lo mismo responder mañana.