De la hermosa Zaida amante,
Las ordena celebrar
Por si la puede ablandar
El corazón de diamante.
Pasó, vencida á sus ruegos,
Desde Aravaca á Madrid;
Hubo pandorgas y fuegos,
Con otros nocturnos juegos
Que dispuso el adalid.
Y en adargas y colores,
De la hermosa Zaida amante,
Las ordena celebrar
Por si la puede ablandar
El corazón de diamante.
Pasó, vencida á sus ruegos,
Desde Aravaca á Madrid;
Hubo pandorgas y fuegos,
Con otros nocturnos juegos
Que dispuso el adalid.
Y en adargas y colores,