Los fieros males de mi patria, deja

Que su rüina y perdición lamente;

Y si no quieres que en el centro obscuro

De esta prisión la pena me consuma,

Déjame al menos que levante el grito

Contra el desorden: deja que á la tinta

Mezclando miel y acíbar, siga indócil

Mi pluma el vuelo del bufón de Aquino.

¡Oh! ¡cuánto rostro veo, á mi censura,

De palidez y de rubor cubierto!