Juventud, la ternura, el rendimiento

Del constante amador ya no te alcanzan.

Ya ni te das al corazón, ni sabes

De él recibir adoración y ofrendas.

Ríndeste al oro. La vejez hedionda,

La sucia palidez, la faz adusta,

Fiera y terrible, con igual derecho

Vienen sin susto á negociar contigo.

Daste al barato, y tu rosada frente,

Tus suaves besos y tus dulces brazos,