Entre cipreses fúnebres la veo:

Trémula, yerta, desceñido el manto,

Los ojos moribundos

Al cielo vuelve, que le oculta el llanto;

Roto y sin brillo el cetro de dos mundos

Yace entre el polvo, y el león guerrero

Lanza á sus pies rugido lastimero.

¡Ay, que cual débil planta

Que agota en su furor hórrido viento,

De víctimas sin cuento