Escuchóla en paz el moro,

Y manoseando su barba,

Dijo, como quien medita,

En la mejilla una lágrima:

Si tus castillos mejores

Que nuestros jardines son,

Y son más bellas tus flores,

Por ser tuyas, en León,

Y tú diste tus amores

Á alguno de tus guerreros,